Antes de emprender: los valores cuentan

Con demasiada frecuencia, las medidas de apoyo a los emprendedores se centran en cuestiones financieras (pasta) y competenciales (cursos de formación) y ello no está del todo mal, si me apuráis. Lo que ocurre es que en los negocios y en los proyectos de cualquier clase también influyen otros ingredientes transversales que proceden del interior de la persona: creencias, valores, motivaciones y objetivos. Son elementos que estaría bien trabajar, a ser posible, antes de tirarse a ninguna piscina. Lo que ocurre es que la vida aprieta y tendemos a resolver primero lo urgente… y a olvidar lo importante para siempre.

De las creencias ya he hablado en una entrada anterior y toca retomar el hilo con eso que llamamos valores. Lo cierto es que valores los tenemos todas las personas desde el momento en que mantenemos un orden de prioridades. Y no es cuestión de juzgar la nobleza o la vileza de nuestro sistema de valores sino de entender cómo va a influir en nuestros proyectos emprendedores. Una empresa puede dar más importancia al volumen de negocio (vender mucho) que a la calidad (vender buen producto o prestar buen servicio). Puede centrar su estrategia en reducir los costes al mínimo (por ejemplo, deslocalizando la producción) o en obtener el máximo de ingresos (creando nuevos productos). Hay quien se marca líneas rojas en cuanto a condiciones laborales y hay quien apenas cumple el mínimo legal. Pues bien, detrás de todas estas decisiones estratégicas hay personas con valores más o menos elevados. Y lo único cierto es que las personas actuamos de acuerdo con lo que somos: por mucho que maquillemos nuestras decisiones con atributos de responsabilidad social corporativa, son nuestras decisiones cotidianas las que nos delatan.

Cada día estoy más convencido de que el emprendedor / empresario del siglo XXI tiene que ser una persona con ganas de cambiar las cosas (me refiero a mejor, claro). Eso no quiere decir que deba renunciar a ganar dinero o a gestionar los recursos con eficiencia. Más bien debe diseñar su negocio de forma que las personas queden por delante de las cosas, por ejemplo:

  • Compitiendo más en calidad y menos en precio.
  • Empleando acciones de marketing no engañosas.
  • Manteniendo la comunicación con el cliente (pero no con llamadas o visitas a horas intempestivas).
  • Buscando alianzas en beneficio del cliente.
  • Invirtiendo, con sentido común, en personal y desinvirtiendo en estructura.
  • Reduciendo la dependencia de los bancos.
  • Innovando, mejorando, creando continuamente.

Hay quien piensa que lo ético se limita a cuestiones colectivas como el medio ambiente, la igualdad de género o la solidaridad. A mí me parece perfecto añadir todas estas cosas a nuestro ideario y a nuestra imagen, siempre que sea auténtico y coherente con lo que pensamos y con lo que vivimos. Si en tu casa no reciclas, déjate de pegatinas verdes en el escaparate. Contrata según valía, no según bonificaciones. Si quieres apostar por el producto local, estupendo, pero no pretendas jugar también al comercio justo, que es un concepto igual de legítimo pero diametralmente opuesto.

Desde luego, se pueden crear negocios y proyectos de nicho en torno a ciertos valores: una consultora medioambiental, una empresa de inserción para personas discapacitadas, una tienda de frutas y verduras kilómetro cero… Pero lo esencial a la hora de emprender con valores está en la capacidad de transformación del entorno. Y es necesario que en todos los sectores productivos haya emprendedores con una escala de prioridades muy sólida.

Así que, si eres de los que quiere cambiar el mundo, igual tienes que plantearte crear una empresa. ¿Qué te parece?

Saludos

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Yo Reklamo

Hace un par de semanas mantuve una conversación con Xabier, un viejo conocido del portal Rankia que suele escribir sobre temas bancarios y financieros –lo explico así porque a él no le gusta que le traten de experto, aunque lo cierto es que es un auténtico CSI de las finanzas-. Desde 2009 participa en varios foros aportando su opinión cualificada y aclarando multitud de dudas sobre contratación de hipotecas y otros productos bancarios, causantes de tantos dolores de cabeza en los últimos tiempos. Además mantiene su propio blog sobre formación financiera básica y responde a numerosas consultas privadas sobre lo suyo.

Si algo aprecio en Xabier es el enfoque preciso, legal y objetivo que hace de los temas. Desde que estalló la burbuja de las hipotecas basura y, posteriormente, el escándalo de las preferentes, se han multiplicado las plataformas dedicadas a la denuncia profética, es decir, a conceder la razón moral a los afectados por la banca. Y lo que ocurre es que, en la vida real, la razón moral no siempre coincide con la razón legal, no sólo con la banca, también con los servicios que prestan las compañías aéreas (low o high cost), los seguros o con cualquier operación que exija firmar un papel escrito. Ya podemos dedicarnos a pontificar contra el Sistema que si no interponemos una reclamación formal en el lugar y el momento adecuado nos vamos a quedar con la palmadita en el hombro y las palabras de apoyo dedicadas por el contertulio de turno.

El caso es que no todo el mundo puede permitirse contratar a un abogado cada vez que hay que reclamar algo y muchos acaban desistiendo. Por eso, Xabier y sus socios acaban de sacar al mercado un servicio de asesoramiento y gestión de reclamaciones que incluye, de momento, contratación bancaria (comisiones, productos bancarios…), navegación aérea (equipajes, cancelaciones, retrasos…) y operaciones civiles y mercantiles (préstamos entre particulares, arras, alquileres…). El servicio está disponible en Internet a través de la web Yoreklamo. Además de un formulario para efectuar las consultas, la web dispone de un centro de documentación en el que podemos descargarnos modelos diversos y una sección de artículos de actualidad.

Los servicios se prestan bajo presupuesto (las soluciones a medida) o previo pago de un importe asequible (desde 4,95 € más IVA). Un servicio prestado por profesionales, que nos permite ahorrar tiempo y energía, y que, además, nos puede solucionar una buena papeleta, bien merece un precio justo.

Si os digo la verdad, espero no tener que acudir nunca al equipo de YoReklamo. Pero no me cabe duda de que van a prestar una ayuda impagable a mucha gente y, sobre todo, a construir una cultura sana de la reclamación que le va a sentar muy bien al Sistema.

¡Mucha suerte para este nuevo proyecto!

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El Juego de Ender

Ya hace casi un mes desde que recuperé la sana costumbre de ir al cine, gracias a un grupo de buenos amigos. Es una de esas actividades que dejas de hacer cuando tienes niños y otros compromisos y la verdad es que ayuda a desconectar de la rutina, aunque no siempre de la realidad que te rodea. Precisamente la última película que he visto ha sido El Juego de Ender y resulta que, lo que parecía una inocente y entretenida historia de galaxias y marcianitos, me da suficiente materia para escribir sobre algunos de mis temas transversales.

Tranquilos, que no voy a desvelar nada relevante sobre la trama, por si os animáis a verla. Pero sí os contaré que la película incluye artillería pesada sobre inteligencia emocional, trabajo en equipo y liderazgo. Así que me parece muy recomendable como recurso didáctico si eres coach, profesor de FOL o similar.

El argumento de El Juego de Ender parece sencillo: un esmirriado churumbel (Asa Butterfield) entra a formar parte del equipo de alto rendimiento dirigido por el personaje-gancho del reparto (Harrison Ford), embarcado en la difícil tarea de exterminar la amenaza alienígena de turno. Los integrantes del equipo son preadolescentes superdotados que deben entrenarse para la batalla final inminente mediante un programa de capacitación desarrollado en condiciones cuasi-reales, con armas futuristas (nada de espadas láser, eso sí), tecnología punta y gravedad cero. Las prácticas del programa, que es lo más emocionante, se desarrollan como un videojuego, una simulación de guerra en el espacio… y hasta aquí puedo leer sin spoilear.

Lo interesante aquí es analizar cómo se va integrando Ender, nuestro héroe, en el equipo y cómo se convierte en su líder natural contra todo pronóstico. Me dejáis que os lo cuente en pequeñas píldoras:

  • Mantiene sus emociones bajo control ante la frustración y los conflictos…
  • … y, sin embargo, Ender es consciente de que no es más que un niño, con necesidades de niño. No está preparado para actuar como un adulto… y ni falta que hace.
  • Se divierte haciendo su trabajo, lo considera un juego. Por eso se lo toma tan en serio.
  • Nunca se toma un ataque como algo personal.
  • Entiende que el enemigo (sea un compañero, un superior o una amenaza externa) tiene sus propias razones y es capaz de empatizar con él. Hasta extremos insospechados.
  • La empatía le hace capaz de adoptar decisiones éticas, por pura coherencia interna.
  • Sabe perfectamente cuándo tiene que actuar en defensa propia y cuándo toca tender la mano. Siempre hay tiempo para ambas cosas.
  • Cuando ha adquirido una posición de fuerza, opta por los acuerdos win-win.
  • Es resistente a la autoridad formal, no acepta órdenes porque sí. La obediencia se consigue con una explicación, con buenas maneras, con relaciones de igualdad.
  • Cree que la disciplina no procede del miedo a la autoridad (por cierto, qué bien le iría al sistema educativo español si algunos entendieran que las leyes no solucionan conflictos de autoridad).
  • Valora como el que más el esfuerzo colectivo pero no elude su responsabilidad en el resultado (aunque, para mi gusto, Ender debe aprender a delegar más).
  • Por último, a este pequeño mocoso no le hace falta tener carisma, ni presencia escénica, ni siquiera alzar la voz. A un líder natural sólo le hace falta una mirada limpia.

Es curioso comprobar cómo el peso de toda la película lo asume el propio Ender, en lugar del Coronel Graff (Harrison Ford), que me resulta totalmente prescindible e intercambiable (me refiero a su personaje, no al actor). En fin, no sé si los creadores de esta ficción pretendían hacer un manual sobre liderazgo y buenas prácticas pero les ha quedado muy bien. Al menos me ha dado para escribir esta entrada.

Saludos.

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Portales especializados (1): ADN Retail

adn-retail-tiendeoEn los últimos tiempos, los recursos disponibles en Internet para buscar empleo han crecido en variedad y en calidad. De aquellos cuatro o cinco portales generalistas tipo Infojobs o Infoempleo hemos pasado a contar con una docena de espacios especializados en sectores o puestos de trabajo concretos. Me parece oportuno presentaros algunos de ellos en este y posteriores artículos del blog. Eso sí: bien entendido que los portales de búsqueda de empleo son, nada más y nada menos, herramientas al servicio de una estrategia personal. Hace falta un trabajo previo para descubrir nuestros propios intereses, nuestras fortalezas y debilidades, desplegar todos los aspectos de nuestra marca personal… Necesitamos una hoja de ruta como la que os propuse en su día o cualquier otra, pero hay que preguntarse a dónde queremos llegar y qué itinerario vamos a seguir.

Pues bien, voy a empezar por el recurso que he descubierto más recientemente, gracias al equipo de Tiendeo, una startup española con apenas dos años de vida y recién galardonada con el Premio Emprendedor 2020 Nuevas Tecnologías. Se trata de ADN Retail, un portal de empleo especializado en tiendas y supermercados. ADN Retail llega en el momento más oportuno para el mercado: la distribución comercial está aguantando el tipo estupendamente – al fin y al cabo es un sector refugio para los malos tiempos- y sigue siendo una fuente de empleo abundante e, incluso, de desarrollo profesional. Si echamos un vistazo a las ofertas de empleo del sector, podemos comprobar que las grandes cadenas de alimentación, vestido y bazar mantienen estrategias de expansión en todas las provincias, la mayoría mediante la apertura de nuevas tiendas, aunque también hay quien se lanza a recuperar el terreno perdido en las ciudades por medio de franquiciados.

Además de informar sobre ofertas de empleo actualizadas, ADN Retail nos mantiene al día sobre las próximas aperturas de distintas cadenas, nos facilita enlaces para enviar nuestra candidatura espontánea y, para los más aventureros, cuenta con una estupenda guía de franquicias del sector. Para completar los contenidos del portal, ADN Retail mantiene una sección de orientación laboral con recursos siempre interesantes y se encuentra desarrollando un apartado de formación. Todo ello presentado bajo un diseño sencillo, limpio, usable y accesible desde cualquier soporte.

Si estás buscando empleo y crees que encajas dentro del mundo de la distribución, debes saber que hay oportunidades no sólo para trabajos temporales y de baja cualificación sino para desarrollar una carrera profesional de largo recorrido, en la que cabe el empleo por cuenta ajena -en diversos puestos y categorías- y el emprendimiento. Desde luego, si cuentas con una estrategia personal y vas en serio, ADN Retail es un gran recurso que te va a facilitar el trabajo de navegar en el sector. ¡Mucha suerte!

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Tu Plan C

El emprendimiento está de moda, lo sabemos porque los medios de comunicación y las instituciones están apoyando la causa con mejor o peor resultado. Pero, en el día a día, no es tan fácil encontrar personas que se atrevan a desafiar el sistema de creencias vigente en nuestra cultura, un bloque muy potente de ideas bien acolchadas que limitan la extraordinaria capacidad que tenemos para salir adelante y construir desde la nada. Hace algún tiempo os ponía el ejemplo del pequeño Lucas y de sus padres que, sin llevar la etiqueta de emprendedores en la solapa, están reuniendo recursos para sobrellevar la lesión cerebral del niño, que requiere un tratamiento complicado. Lucas está saliendo adelante no sólo gracias al dinero recaudado, sino al apoyo de una enorme red de personas que se han identificado con la causa organizando eventos e iniciativas de todo tipo e, incluso, participando activamente en los ejercicios de estimulación física que conlleva el tratamiento. De nuevo queda claro que el dinero, por sí solo, no cura enfermedades ni soluciona problemas. Lo hacen las personas que tienen talento, creatividad y, sobre todo, capacidad de trabajo.

Pues bien, hoy quiero traer al blog otro ejemplo de emprendimiento pata negra. La semana pasada tuve la oportunidad de descubrir a los chicos de Tu Plan C. Se trata de la primera red social de ocio en España que conecta usuarios con locales del sector, de momento, en Madrid y en Barcelona. Alguno ya estaréis pensando lo mismo que yo cuando conocí la idea… ¿es que no hay suficientes medios ya para difundir eventos dentro y fuera de Internet?  Pues bien, como siempre, en el mundo de la empresa y, en especial, cuando se trata de tecnología, lo importante no es el qué sino el quién pone en marcha la ocurrencia. Y los chicos de Tu Plan C resultan ser un equipazo muy bien avenido: de un lado, la juventud, la frescura, la iniciativa de Oriol y Javier, los promotores de la plataforma; de otro lado, la experiencia y los recursos de personas con perfiles y experiencias complementarias: programadores, comerciales, inversores… Desde mi punto de vista, un proyecto de estas características requiere encontrar una fórmula muy delicada a base de creatividad, enfoque al usuario final y complicidad con el sector del ocio. Y Tu Plan C, recién lanzada a primeros de 2013, ya ha conseguido esos ingredientes una vez superados los 5.000 usuarios registrados y los 700 locales adheridos a la red.

Tu Plan C, como no podía ser de otra forma, está en rigurosa Beta (osea, probando y reconociendo el terreno). Pero ya se agradece la apariencia limpia, la usabilidad a prueba de torpes –como el que suscribe- y la variedad de opciones a la hora de personalizar las búsquedas. Sin necesidad de registrarnos ya podemos consultar por fecha, precio, tipo de evento y hasta por tipo de vestimenta, que en esto de salir Dios nos cría y Tu Plan C nos coordina para juntarnos. Y si nos identificamos, podemos acceder a ofertas, realizar reservas, interactuar con gente, publicar/twittear en tiempo real y seguro que más a medida que la plataforma vaya creciendo con los usuarios. Desde luego, el servicio que esta plataforma presta a locales y organizadores es impagable, porque difundir un evento es muy fácil si te da igual tu público, lo difícil es conocer sus preferencias, su sensibilidad ante una oferta, sus rutas de ocio… Hoy en día, cualquier empresa necesita conocer al detalle a su cliente: el mercado de masas anda ya de cuerpo presente. Ahora cada persona, cada pareja o cuadrilla de amigos es un microsegmento, y perdón por el palabro. Es fundamental establecer una conversación con cada uno y eso las agendas y los banners, por muy digitales que sean, no lo saben hacer. Para eso está la red social. La online y la offline, que es la de toda la vida, la que se reúne en la barra o en la mesa.

Se me ocurre preguntarle a Pablo, Director de Marketing y Comunicación de Tuplanc, si dejaría este proyecto por un trabajo por cuenta ajena. Me responde que prefiere dedicarle 12 horas a un proyecto en el que cree que trabajar 12 horas en una empresa que el día de mañana va a prescindir de ti. Ya sabemos que el mercado laboral está muy malito últimamente pero seguro que Pablo no tendría problema para colocarse en un puesto bastante digno. Creo que los empleadores de hoy y de mañana deberían tomar nota porque el talento se independiza a marchas forzadas. Porque estoy seguro de que hay muchos Pablos –candidatos con estudios y experiencia- y también muchos como Oriol y Javier –jóvenes pero sobradamente preparados para defender sus proyectos-.

Como soy de Cantabria, todavía no le voy a sacar mucho partido a Tu Plan C. Pero los habituales de Madrid y de BCN ya estáis tardando en conocer la primera red social de ocio. ¿Qué os apetece hacer el próximo fin de semana?

S2.

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Antes de emprender: desmontando creencias limitantes

Tengo que reconocer que, últimamente, me cuesta mucho explicar en qué consiste mi trabajo como técnico de promoción económica, sobre todo en lo que se refiere al emprendimiento. Cuando lo hago, especialmente cuando hablo con familiares o amigos, casi tengo que pedir disculpas. Como decía en la entrada anterior, demasiadas personas relacionan el emprendimiento con crear empresas. Así que explicar por qué hay que ayudar a los emprendedores puede convertirse en una misión imposible, sobre todo cuando hablas con gente que lo está pasando muy mal como autónomo / empresario o bien que ha sido adoctrinada educada para trabajar por cuenta ajena. No son pocos los que creen que los emprendedores viven vivimos en la nube, y no precisamente en la digital.

Por cada crítica que se hace al emprendimiento –o a las políticas de apoyo al emprendedor- hace falta proponer alguna alternativa y lo cierto es que en las conversaciones que tengo sobre el tema nadie aporta soluciones más allá del “que piensen otros (que para eso les pagamos)” o “España tiene tres salidas (por tierra, mar y aire)”. Señal de que una parte de nuestra sociedad se ha acomodado en una creencia limitante: la respuesta a nuestros problemas no está en el emprendimiento. Y se trata de una creencia limitante porque esta idea nos mantiene encadenados al sofá, acomodados en ese papel que tanto nos gusta: el de consumidores de pesimismo y malas noticias.

Pues bien, es evidente que también hay personas que han decidido apagar la tele y levantarse del sofá porque tienen, al menos, una creencia empoderante: los problemas se resuelven actuando. Una persona que piensa de esa manera, aunque no lleve el apellido emprendedora, está preparada para construir su futuro y, seguramente, el de otros muchos.

Sin embargo, sucede que muchos emprendedores mantienen ciertas creencias que también pueden limitar el desarrollo de sus proyectos y conviene ponerlas en cuarentena antes de echar a andar. Ahí está, por ejemplo, esa creencia tan extendida de que los beneficios, el ánimo de lucro, son incompatibles con los objetivos sociales. Esta idea es muy peligrosa para los emprendedores que trabajan bajo fórmulas de economía social, ya que una cosa es no repartir beneficios  y otra cosa es no hacer un solo número para garantizar la sostenibilidad del proyecto. Sí, las empresas sociales también necesitan modelo de negocio y plan económico-financiero. No, disponer de subvenciones no nos libra de llevar una gestión eficiente de los recursos, como si estuviéramos dirigiendo una empresa convencional. Y si queremos que un proyecto social genere beneficios sociales, necesitamos generar beneficios monetarios para reinvertirlos en el proyecto e independizarlo de los vaivenes externos.

Otra creencia muy habitual entre los españoles tiene que ver con la parte comercial, en línea con la mala prensa que tiene el ánimo de lucro. No es que no nos guste vender, es que creemos que vender equivale a estafar. En esta creencia influye decisivamente el convencimiento que uno tenga sobre su propio producto o servicio pero tampoco ayuda mucho la moda del todo gratis. En la era de Internet, parece impensable cobrar por cualquier trabajo que tenga que ver con la información y el conocimiento: los cursos tienen que ser gratis, el asesoramiento tiene que ser gratis, los imprevistos y añadidos siempre incluidos en el precio… Una cosa es no cobrar por una primera consulta y otra muy diferente es regalar tu tiempo y tu trabajo. Si un emprendedor no está convencido de que su trabajo tiene un precio, será carne de explotación. Así que, como suelen anunciar algunas ofertas de empleo: remuneración según valía.

Por último, otra creencia limitante para muchos emprendedores tiene que ver con la inversión inicial. Parece que si no tienes oficina física, todos los gadgets de última generación y un gran despliegue de publicidad, todo ello a golpe de crédito, no eres nadie. Pues bien, que nos quede muy claro que la principal inversión que debe realizar un emprendedor es de tiempo y de talento. Que lo demás sobra. Que lo único que vale es lo que hagas para conectar con tus usuarios / clientes y descubrir en qué puedes ayudarles. El valor está en las personas y en su talento, no en las cosas. Creer en las cosas más que en las personas es lo que nos ha llevado al desastre.

Conclusión: antes de emprender, desmontemos todo aquello que nos puede limitar. No nos dejemos impresionar por afirmaciones e ideas que no nos aportan nada y sigamos a aquellos que triunfaron porque no sabían que era imposible.

Saludos.

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Antes de emprender: revisando el concepto de emprendedor

Llevo bastante tiempo leyendo mucho sobre emprendimiento*, tanto en papel como en digital, y en los últimos meses estoy observando una peligrosa polarización entre dos grandes grupos de pensamiento. De un lado están los entusiastas de la cuestión, que se toman el emprendimiento como la última moda o, en el mejor de los casos, como la receta mágica para resolver los problemas del planeta. A los participantes de este primer grupo se les identifica por sus decálogos teórico-generalistas y por su desbordante optimismo ante el nuevo paradigma económico. En el lado contrario nos encontramos a un grupo de grandes y mediáticos expertos que han decidido adoptar el papel de niños malos y defienden que esto del emprendimiento no es para todo el mundo, más bien es para unos pocos escogidos. Además lo hacen con palabras duras y a veces hirientes para dejar en evidencia a los flower power aquellos.

Aunque en este momento me reconozco más cercano al primer grupo –y eso que prefiero consumir contenido contundente antes que potitos en forma de decálogo- no me parece mal que haya gente que avise de los riesgos y de la seriedad del rollo emprendedor. No tengo la menor duda de su autoridad profesional y moral. Pero esta entrada –la primera de mi ruta metodológica para emprendedores- va de aclarar conceptos para no perder el norte nada más empezar el camino.

Ya sabemos que la palabra emprendedor viene del francés entrepreneur (pionero). Es alguien que decide adelantarse a explorar terrenos no conquistados. Sin embargo, creo que no nos hacemos ningún favor si pensamos que las personas emprendedoras deben llevar traje azul y rojo, con capa, una bonita “S” tatuada a fuego y, ya puestos, halo luminoso de mártir. Nada de eso. Ante todo, un emprendedor es alguien que detecta una necesidad no cubierta y se busca la vida para resolverla. Es un solucionador de problemas. Emprendedores hacen falta en todas partes: en las empresas, en los barrios, en la familias, en las organizaciones sociales, en los colegios, en los hospitales, en las administraciones públicas… Por desgracia, vivimos en un entorno que prefiere exigir soluciones en lugar de ponerse a diseñarlas.

Hablar de emprendimiento como sinónimo de empresario me parece reduccionista. Es más, me pone de mala leche escuchar cosas como que la inversión mínima para poner una empresa es de 100.000 euros. Idea que procede de personas que, precisamente, se dedican a exigir a las administraciones y a los bancos que pongan esa cifra encima de la mesa. Y es que el dinero no resuelve problemas, lo hacen las personas. Por eso, me permitís que amplíe el concepto de emprendedor a estos cuatro tipos:

  • El emprendedor trabajador. Lo que viene siendo el autónomo de toda la vida, me da igual que desarrolle una actividad de marca o que se dedique a oficios más pedestres. Lo sean por necesidad, por oportunidad o por cualquier otro motivo, necesitamos emprendedores trabajadores que sean muy buenos en lo suyo y que no rehúyan la parte comercial de su trabajo.

  • El emprendedor empresario. Normalmente está ahí por ánimo de lucro, para ganar dinero, por pura y dura oportunidad. En este caso concreto, no creo que las apreturas económicas traigan buenos empresarios. Pero necesitamos emprendedores empresarios, forrados de pasta o no, que desarrollen buenos modelos de negocio, que quieran ganar dinero, que para ello generen muchos beneficios y, por tanto, ayuden a agrandar la tarta de la economía.

  • El emprendedor social. Esa especie de culo inquieto que tiene los cinco sentidos puestos en esas necesidades que no encajan en el tipo anterior y que se buscan la vida para solucionarlas, normalmente por la vía del asociacionismo, el cooperativismo no lucrativo, la caridad de la caña y no del pez… Necesitamos emprendedores sociales que sean sensibles a los problemas de las personas y que apuesten por soluciones basadas en la autogestión y en la inteligencia colectiva.

  • El intraemprendedor. Por último, se puede ser emprendedor trabajando por cuenta ajena, incluso en la administración pública. Me consta que las mejores empresas apuestan por personas dotadas de competencias emprendedoras (proactivas, creativas, orientadas al cliente, resolutivas, comunicadores, líderes). Y, desde luego, necesitamos intraemprendedores que, en el ámbito de su organización, sean capaces de aportar ideas y de ejecutar proyectos antes de que llegue el recorte o el concurso de acreedores que nos va a dejar en la calle.

¿De verdad creemos que una sociedad puede funcionar con unos pocos emprendedores escogidos? Yo creo que no. Por favor, que lluevan solucionadores. Que lluevan emprendedores.

*El diccionario de la RAE no incluye palabros como emprendizaje o emprendeduría.

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La ruta del emprendedor

La semana pasada daba por cerrado un itinerario metodológico para la orientación profesional, pensado especialmente para personas desempleadas pero también útil para quienes quieran reenfocar su vida laboral. Este itinerario parte de un análisis de intereses, capacidades y circunstancias y se apoya en una estrategia de marketing personal similar a la que puede desarrollar una empresa para colocar su producto en el mercado. Aunque es bueno contar con un orientador que te acompañe en la ruta, no hay problema en seguirla a solas.

Sin embargo, esta ruta puede resultar inadecuada para cierta clase de personas: los emprendedores por oportunidad (no por necesidad) o incluso grupos que deciden enfrentarse juntos a los problemas. Personas que entienden la salida por cuenta propia no como un plan B alternativo, sino como la primera opción. En esto ocurre como en la montaña: hay gente que prefiere las rutas conocidas o de menor dificultad (aparente) y también hay quien elige descubrir caminos nuevos y arriesgados (los pioneros o entrepreneurs). Eso sí, vayamos por el camino que vayamos, el punto de llegada sigue siendo el mismo: el cliente. Aunque haya un empleador en medio, de lo que se trata es de generar valor para un cliente final.

Pues bien, hoy quiero proponer un itinerario alternativo para todos aquellos que gustan de las emociones fuertes. Se trata de una ruta más larga y complicada, pero también más bonita y vistosa. Se puede recorrer en solitario pero recomiendo hacerlo en grupo, como un proceso de emprendimiento colectivo. Sin atajos ni regresos anticipados. En esta entrada me limitaré a indicar las etapas y la semana que viene comenzamos a ver los detalles del terreno que vamos a pisar. A saber:

1.- El punto de partida es el mismo que en el itinerario anterior: analizar las propias capacidades y debilidades, observar el entorno (amenazas y oportunidades) y comprobar cuáles son nuestros intereses y objetivos personales. Este ejercicio es crucial cuando emprendemos en grupo: muchas veces confundimos motivación con “motivos”, no siempre cuadran los objetivos de los socios o el grado de compromiso con el proyecto difiere entre participantes.

2.- La idea suele ser la excusa de muchos para probar suerte con un nuevo proyecto de negocio. No debe ser sobrevalorada pero es bueno que haya espacio y tiempo en el proceso para ejercitar la creatividad y poner varias ideas encima de la mesa. Bien entendido que es la persona o el equipo quien puede convertir la idea en empresa de éxito.

3.- El modelo de negocio se puede definir como un boceto de la empresa, en el que vamos a visualizar claramente cuál es la propuesta de valor, a quién va dirigida y cómo vamos a monetizarla. Es una etapa de diseño y conceptualización necesaria antes de lanzarnos como descerebrados a la hoja de cálculo. Para su desarrollo, contamos con herramientas muy útiles como el Model Business Canvas, que además cuenta con una versión para la orientación profesional.

4.- El plan de negocio se desarrolla a partir del modelo diseñado en el paso anterior y debe explicar el producto o servicio objeto de la empresa, el proceso productivo, la planificación comercial y las previsiones económico-financieras que van a justificar la viabilidad de la empresa. El plan es obligatorio para poder optar a ayudas o recursos ajenos, pero desde luego no es una garantía de éxito. Desde mi punto de vista, la utilidad del plan tiene que ver más con el proceso de reflexión que conlleva su elaboración que con el documento final resultante. En todo caso, la empresa debe permanecer siempre con mentalidad innovadora, así que el plan debe estar vivo y abierto.

5.- La forma jurídica es el traje legal que va a llevar la empresa en el mercado y se decide en función de las líneas maestras que resultan del plan de negocio y de las relaciones que quieran establecer los socios. Nunca se debe elegir un formato jurídico de antemano, al menos sin haber dibujado el modelo de negocio.

6.- Por último, la captación de recursos comienza en el momento que hemos adoptado la forma jurídica, especialmente si vamos a optar a ayudas públicas o vamos a recurrir a préstamos. No se debe escoger una fórmula jurídica por las posibles subvenciones a las que tenga derecho, ya que podemos cometer errores irreversibles.

Os dejo el mapa de ruta colgado en la pestaña Itinerarios por si os sirve de ayuda y, en este caso, sí os animo a que busquéis un buen sherpa que os acompañe en la escalada.

¿Preparados para emprender? Empezamos a andar en la próxima entrada.

Saludos.

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Planificando la búsqueda de empleo: resumiendo

A lo largo de nueve entradas he intentado ofreceros una serie de reflexiones y propuestas útiles para orientar la difícil tarea de buscar un empleo. Aunque la ruta que he seguido es de elaboración propia, está en línea con el enfoque que mantienen otros profesionales de la orientación laboral y el branding personal: se trata de salir al mercado como profesionales y no como curritos en potencia. La fórmula legal que utilicemos para trabajar (contrato laboral, actividad económica o empresarial por cuenta propia o asociada) se decide dentro de un proceso integral en el que debemos tomar conciencia de nuestra realidad personal y en el que hay que tomar decisiones en varios frentes.

Os dejo en la pestaña Itinerarios un mapa para orientar la ruta, con algunas preguntas clave para no aburrirse en el camino. Recomiendo seguir la ruta en el orden propuesto, sin atajos. Y, por supuesto, agradeceré cualquier comentario y aportación que sirva para mejorar el mapa.

Como podéis comprobar, la ruta es muy intuitiva pero intensa. Se compone de siete etapas:

  1. Empezamos haciendo inventario de puntos fuertes y débiles. Si los débiles predominan, necesitaremos un precalentamiento a base de motivación y formación.

  2. Observamos el entorno y detectamos oportunidades y amenazas. Las condiciones del camino, la climatología… Nada debe cogernos por sorpresa.

  3. Enfocamos la ruta con la mente puesta en el punto de llegada (intereses, preferencias, sueños) pero buscando hitos o logros cada pocos kilómetros.

  4. Ya en camino, nos encontramos con el difícil tramo de la marca personal. Ese conjunto de cualidades personales y profesionales que nos diferencian y nos hacen reconocibles.

  5. En un segundo tramo debemos asegurar el valor añadido que aportamos como profesionales y ajustar una horquilla aceptable de retribuciones.

  6. En tercer lugar, debemos tomar decisiones respecto al lugar o las personas que se van a beneficiar de nuestro trabajo: empleadores, empresas, organizaciones, clientes… Con jefe o sin jefe.

  7. Por último, diseñamos una estrategia adecuada de autopromoción, con las herramientas que consideremos oportunas.

Ya está. Hemos llegado al final de la ruta. Sólo que, en este caso, la meta no es el final del camino sino el comienzo de nuestra próxima aventura profesional.

Mucha suerte a tod@s, un saludo.

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Planificando la búsqueda de empleo (y 8): cómo comunicarse con el mercado

Por fin llegamos al último punto de esta hoja de ruta que estoy proponiendo para planificar la búsqueda de empleo. Un responsable de marketing empresarial cerraría su estrategia comercial con un plan de promoción, es decir, con decisiones concretas que le van a permitir comunicarse con sus clientes potenciales. Para lanzarse a la selva laboral, a la caza de posibles empleadores, también necesitamos elegir herramientas adecuadas de interlocución.

Antes de entrar en una tormenta de ideas sobre autopromoción laboral hay que aclarar un par de cosas. Lo primero, conviene elegir herramientas con las que nos sintamos cómodos. Una cosa es trabajar la marca personal y otra cosa es tratar de vender lo que no somos. Si quieres dedicarte al trabajo de oficina, no te recomiendo que vayas por ahí con estrategias de diseño loco. Un empleador que esté buscando un contable querrá saber si eres una persona de confianza, seria, organizada, formada, actualizada. Así que, posiblemente, abrirte una tienda Amazon sería sobreactuar un poco. Si te vas a dedicar al marketing y, en particular, a las redes sociales, tendrás que demostrar que, además de tener varios perfiles abiertos, sabes posicionarlos, gestionarlos, monitorizarlos, mantenerlos vivos y con más de cinco seguidores… Si te vas a presentar a una oferta de empleo como profesor de informática, el diseño de tu curriculum debe demostrar que tu manejo de Word no es de nivel usuario.

Lo segundo que quiero resaltar tiene que ver con mi artículo anterior, sobre dónde colocar el talento. Si hemos decidido concentrarnos en el estrecho mundo del empleo público, la única herramienta de comunicación que necesitamos manejar es el Boletín Oficial y, como mucho, algún agregador que nos ayude a estar al día de las convocatorias. Y a estudiar se ha dicho. Si queremos abrir puertas en el empleo privado, habrá que decidir si nuestra búsqueda va a ser fina (sólo empresas gourmet) o gruesa (nos vale todo lo que nos encontremos por el camino). No se obtiene el mismo rendimiento de un portal de empleo generalista que de uno especializado. No vamos a conseguir el mismo efecto en el interlocutor con un curriculum fotocopiado o un mailing indiscriminado que con una solicitud presencial tarjeta en mano. Por último, mi consejo, sea cual sea tu objetivo laboral, es que te presentes siempre como profesional de tu sector. Tendrás más opciones de abrirte paso que si vas de currito por cuenta ajena. Se trata de buscar clientes, no empleadores. En el camino te encontrarás a tu próximo jefe.

Bien, vamos a lo práctico: herramientas para salir a comunicarnos con el mercado laboral.

1.- Una buena agenda. En papel, en tu móvil, en una tabla cutre hecha con hoja de cálculo, en una base de datos de programador o en el último CRM del mercado. Me da igual pero búscate la manera de seguir cada contacto que hagas, cada curriculum que dejas o envías, cada oferta en la que te inscribes.

2.- Un mapa y un callejero. La autocandidatura siempre es una buena estrategia para empezar, aunque los resultados no lleguen a corto plazo. Desde mi punto de vista, es la mejor manera de emprender una búsqueda ordenada, de demostrar proactividad y de tomar el control del mensaje y la imagen que queremos transmitir. No es lo mismo ofrecer tus servicios profesionales que responder a una demanda de empleo. Optimiza la ruta de visitas presenciales, ya que no todas las empresas tendrán tiempo, ganas o personal adecuado para recibirte y, a veces, puede ser más efectivo tirar de mail personalizado y directo al corazón del responsable de RR.HH.

3.- Elevator pitch.  Es la técnica del minuto de conversación en un ascensor. Practica tu presentación para cuando hagas visitas en persona. No vale el aquí tiene mi curriculum, hasta otra. Salvo que busques trabajo en agencias de modelos o azafatas y tu presencia lo diga todo.

4.- El curriculum. Cada vez más inútil pero todavía imprescindible para muchos empleadores, ya que sirve de primera impresión. En Internet tenemos utilidades para diseñarlo a gusto del consumidor, como Express-CV. Si lo vas a enviar por mail, por favor: Portable Document Format (PDF). Personaliza el contenido y la estética del curriculum en función del destinatario. Y nada más. No te obsesiones con los consejos prácticos que circulan en sesudos manuales y por Internet, sólo ten sentido común y ponte en el lugar del que tiene que leer el curriculum. Por ello, asegúrate de que se lo entregas a la persona correcta y de que contiene la información que necesita para ampliar datos y/o para llamarte a una primera entrevista.

5.- ¿Carta de presentación? La carta (o el mail) de presentación, si la envías, debe ser muy corta y sencilla porque su función consiste en presentar el curriculum vitae. Es como un elevador pitch por escrito, así que ten en cuenta que el interlocutor no lo va a leer, más bien lo va a escanear con la mirada. Si la carta va en papel, mejor en una carpeta-dossier o en sobre tamaño folio.

6.- La tarjeta de visita. Sola o acompañando al curriculum y a la carta, es el mejor elevador pitch tangible del mercado laboral. Que se lo digan a Michiel Das, el desempleado que puso tres tarjetas a circular por el mundo y ya tiene trabajo. No se puede decir más en tan poco espacio: lo que eres, lo que pareces, tus datos de contacto. Todo lo que te he propuesto trabajar en esta serie de artículos puede quedar reflejado en ese pequeño trozo de cartulina: tu contenido de valor –tú decides si vas de consultor comercial al uso o de diseñador de estrategias- y tu imagen –con un diseño más sobrio o más loco-. Si además añades un código QR a la tarjeta, tu interlocutor podrá acceder desde su smartphone a tu landing page: blog, web, perfil, about me… Y para los más adelantados a su tiempo, ya existe un sistema para ahorrar en tarjetas físicas: llega la tarjeta de visita virtual, una aplicación que descarga tus datos en el smartphone de tu interlocutor.

7.- Otros formatos. Idea-tendencia para emprendedores creativos: merchandising laboral. Estoy seguro de que hay tantos posibles formatos como personas. Dípticos informativos para sustituir al aburrido currículum, calendarios de bolsillo en lugar de la clásica tarjeta, cualquier objeto útil serigrafiado (USBs, bolígrafos…), tu cara y tu web impresa en un sobre de azúcar… Que siga el brainstorming.  Emplea el formato que quieras para darte a conocer siempre que encaje con tu estrategia de marca personal y con las señales que necesita el mercado.

8.- Web, blog, perfiles. Estamos en el año 2013 de nuestra era y (casi) todos tenemos vida digital. Se trata de ponerla al servicio de la comunicación profesional, no de inventarnos una vida paralela nueva. Si te sirve, yo empecé a escribir mi primer blog en el año 2007, como un hobby, sin pretender que me llevara en volandas a un puesto de trabajo concreto. Escribo sobre lo que sé o sobre lo que hago. Así que hoy mis dos blogs me acompañan en mi vida laboral como un anexo al currículum. No cumplo casi ningún consejo de esos que andan por ahí sobre el blog perfecto: no diseño mis artículos, no hago SEO artificial, publico cuando puedo… No existe el empleado 10, luego un blog de 10 es mentira. Sí importa que esté en mejora continua y en eso ando. Lo mismo digo para cualquier activo que tengas en la red: tu web con trabajitos de clase o tus mejores chapucillas, tu perfil personal de Facebook, Twitter, LinkedIn, etc. No dejes de vincular todos tus activos entre sí. Y no olvides incluir alguna dirección digital, aparte del e-mail, en tu curriculum o en tu tarjeta. Si no lo haces, tu cliente-empleador te podrá buscar en Google o en FB. Así que decide tú cuál es la puerta de entrada a tus referencias. Por cierto, no me seas rata y déjate cuatro duros en un dominio propio para tu email y tu web.

9.- Sobre mí. Si te resulta útil, para evitar que el interlocutor se pierda en tu promiscua vida digital, existe una utilidad online que puede servirte de landing page o página de entrada: about me. En cuanto tenga un rato para sacarme una buena foto yo también me abriré uno.

10.- Portales de empleo. Al igual que las grandes marcas no pueden permitirse no-estar en ciertos escaparates, un profesional debe tener actualizado su curriculum en Infoempleo y en Infojobs / Infolancer. No voy a recomendar otros que no conozco por mí mismo, pero que sepas que existen algunos ya clásicos como Monster y Laboris; y una hornada de nueva generación con muy buena pinta: Workmunity, Cuwitt, Jobandtalent, Marketyou. Para recibir ofertas de empleo también puedes seguir los perfiles que todos los portales tienen en las redes sociales, o agregadores como @oferta_empleo, @jobision o @empleONcom, pero esto sólo será útil si tienes alguna forma de monitorizar toda la información que te llega. Por último, aunque su efectividad es más limitada, no dejes de introducir tus datos en los portales públicos o institucionales de tu entorno: servicio autonómico de empleo, universidad, patronal, sindicatos, cámaras de comercio, agencias de desarrollo local.

11.- ETTs y agencias de colocación. Son las grandes mediadoras de ese 20% de ofertas de empleo que las empresas sacan a la luz. Casi todas se valen de los portales generalistas para llegar al mayor número posible de candidatos, pero si necesitas trabajo rápido y no te importa el qué, te recomiendo que dediques tu primera semana de búsqueda a presentar tu solicitud en todas las que puedas, mejor en oficina que por Internet. Puedes encontrar los listados aquí y aquí.

12.- Otros escaparates. Por último, y sin salir de Internet, existen nuevas plataformas que pueden ayudarte en tu promoción y, a veces, sacarte una pequeña remuneración: portales para publicar cursos online, como Floqq y Tutellus; o comunidades de servicios profesionales, como etecé o, incluso, los bancos del tiempo.

13.- Networkea. Hay vida dentro y fuera de Internet. Se trata de que no te encierres en ti mismo y dediques tiempo a interactuar con otras personas, estén o no en tu misma situación. Redes sociales, blogs, grupos virtuales, eventos reales… Cualquier excusa es buena para conocer gente nueva que puede tener ese contacto o esa oportunidad que buscas. Eso sí: organiza tu tiempo para conectar y desconectar.

14.- La segunda cita. Por último, si has seguido mi hoja de ruta y has aprovechado las herramientas que te he propuesto en este post, es altamente probable que hayas cruzado la barrera de la primera llamada más de una vez. Los procesos de selección pueden ser muy variopintos, además de la clásica entrevista personal, muchas empresas utilizan dinámicas grupales y otras pruebas para saber más de ti. Mi eterna recomendación: olvida cualquier consejo de manual sesudo. Sólo ponte en el lugar del cliente – empleador. Infórmate sobre él. Conócelo en profundidad. Y haz lo posible para que el otro conozca tu propuesta de valor. Actitud proactiva, no reactiva o a la defensiva.

Pues bien, siento haber sido tan extenso en este artículo pero quería tocar todos los palos de la autopromoción profesional, si me permitís llamarla así. Habrá tiempo y espacio en este blog para profundizar todavía más durante la ruta. Por ahora, espero que esta tormenta de ideas le resulte útil a alguien… y que podamos ampliarla entre todos.

Mucha suerte a tod@s y un saludo.

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