De vuelta

Lo sé, estoy desaparecido. Si has entrado últimamente en el Sobre mí ya sabes que, desde noviembre, trabajo para la Administración y estoy volcado con la causa del emprendimiento en Cantabria. De acuerdo, te parece que estoy haciendo trampas, apoltronado en el cómodo sofá de un sueldo fijo y público, pero que sepas que mi contrato es por dos años y, con la que está cayendo, hay que tener la maleta preparada, por si acaso. Mientras tanto, me considero afortunado por poder contribuir al  desarrollo de una sociedad de personas emprendedoras y porque estoy aprendiendo todo lo posible de la gente que ya estaba metida en el tema antes que yo.

Seguiré compartiendo con vosotros todo lo que pueda. Sigo emprendiendo.

S2.

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Planificando la búsqueda de empleo (3): busca tu lugar

El tiempo pasa que da gusto y me he tirado casi dos semanas sin escribir, entretenido con varios frentes personales abiertos. En breve os daré detalles de mi vida laboral. De momento os pido disculpas por haber dejado a medias mi serie sobre el plan de búsqueda de empleo. Sigamos.

Hemos tomado conciencia de la realidad –la de dentro y la de fuera-. Y, antes de lamentarnos de la larga lista de puntos débiles y amenazas que nos han salido en el DAFO, haríamos bien en preguntarnos por nuestros intereses, por lo que de verdad nos motiva y nos saca de la cama a diario. Normalmente, las personas somos muy buenas en aquello que nos gusta hacer, y vuelvo a recordaros que, tal y como está el panorama, no podemos conformarnos con ser del montón…

-          Es que yo no sirvo para nada…

Perdona, niño/a. Ni se te ocurra ir por ese camino. Tienes dos opciones:

-          dedicarte a hacer lo que te gusta,

-          o disfrutar con aquello a lo que te dedicas.

Bien, ya sé que esto te puede sonar a humo de consultor. Pero, precisamente, es en los momentos de crisis cuando podemos abrir nuestras mentes a cosas nuevas. Cuando la economía iba bien, existían cuatro o cinco profesiones estándar y todos teníamos que encajar en una de ellas. Ahora el límite lo marca la lista de necesidades personales y empresariales, y te comunico que es bien larga. De modo que ahora tú puedes crear tu propia profesión, convertir esa afición –cultural, deportiva, friki…- en un nicho de negocio o, incluso, aprovechar tus propias necesidades para abrir una empresa que te permita autoabastecerte –léase celíacos que montan su propia tienda-para-celíacos o similares-.

Pues bien, es el momento de que busques cuál es tu lugar en el mundo. En verborrea laboral, ese lugar se llama perfil. Para descubrirlo, necesitas confrontar tus capacidades –los puntos fuertes que te han salido en el DAFO- con tus intereses, tus gustos. En Internet puedes encontrar cuestionarios como éste, que he encontrado en la web Don Empleo, para detectar dónde puedes encajar con una precisión bastante alta. Puedes llevarte alguna sorpresa con el resultado pero no debes cerrarte a nada. No se trata de “trabajar de lo tuyo” sino de que “lo tuyo” se convierta en “tu trabajo”, aunque no tenga nada que ver con lo que has estudiado.

¿Qué resultado te ha salido en el test?  Seguramente, tu lugar en el mundo se encuentra entre los siguientes perfiles profesionales:

    • Perfil administrativo. Más conocido como trabajo de oficina. Si eres una persona organizada, te llevas bien con el ordenador y no dejas que el papeleo te devore, es posible que seas carne de oficina. Un trabajo muy envidiado por algunos –cómodo, con calefacción y aire acondicionado…- pero con muy mala fama, porque tu sueldo se diluye en eso que los economistas llamamos costes indirectos. Eres necesario pero tu valor añadido es inapreciable. ¿Cómo hacerte valer? Tienes que hacerte imprescindible dentro de tu ámbito. Tu trabajo no es mover papeles ni coger el teléfono. Tú solucionas problemas.
    • Perfil técnico. En este perfil encaja cualquier ocupación que necesite una cualificación específica y repercuta en los costes directos, es decir, los que están relacionados con la producción o el servicio que presta. Me da igual que sea un ingeniero aeronáutico o un mecánico de coches. Lo bueno del trabajador técnico es que tiene la sartén por el mango: de él depende la cantidad y la calidad del producto. El problema es que las empresas suelen contar con recambio abundante porque casi todos los oficios y profesiones tienen personal cualificado de sobra. La clave para sobrevivir en el mundo de los técnicos, como ya he dicho otras veces, es ser un crack… y que el empleador lo sepa, claro.
    • Perfil comercial. Sin duda, la ocupación estrella en cualquier empresa es vender. A diferencia de sus compañeros, el comercial participa más en los ingresos que en los costes. Si se te da bien vender motos y, además, te gusta, no puedes estar en el paro, porque eres el tipo de profesional más demandado y valorado por cualquier empresa. Eso sí, si quieres trabajar de comercial en serio, olvídate de esos portales generalistas que buscan carne fresca y tierna para vender tarjetas de crédito. Especialízate en un producto concreto y busca tu propio mercado. Si dominas un idioma extranjero, ese mercado será más grande. En esto de los idiomas pasa como con las ocupaciones, que hay que ser el mejor. Todo el mundo habla inglés medio-alto. Hacen falta bilingües. Y si no, siempre puedes diferenciarte con algún idioma emergente, como el chino o el portugués.
    • Perfil creativo. Mi favorito. Normalmente asociamos el papel de creativo a los artistas o, siendo muy generosos, a los de marketing. En mi opinión, es la hora de explotar el talento generador de ideas en todas las áreas de la empresa. Todos los puestos de trabajo pueden beneficiarse de la innovación, de los cambios en los procesos, de las nuevas líneas de negocio, de las nuevas técnicas de venta… Pero, claro, para ello hacen falta mentes pensantes y, a ser posible, deben trabajar cerca de los niveles directivos. El problema es valorar correctamente la aportación de un creativo: nadie paga por una idea hasta que no se tiene claro su retorno económico. Por eso, si lo tuyo es crear, innovar, inventar, pensar, investigar… tendrás que ir de la mano de un buen analista financiero (para estudiar los costes y los beneficios de tu idea), un técnico (capacitado para convertir tu idea en un producto) y un comercial (alguien que crea en tu idea y te ayude a venderla).

Se pueden definir otros perfiles (directivos, formadores, combinaciones de los anteriores…) pero creo que todos podemos encajar en alguno de los cuatro que os he descrito. Ahora es el momento de que busques tu perfil, tu lugar en el mundo. ¿A qué esperas?

Un saludo.

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Planificando la búsqueda de empleo (2): asumir la realidad

Vaya, podía haber elegido un subtítulo menos resignado para encabezar el nuevo post, ¿no? Pues no: hay que asumir la realidad, que no es lo mismo que aceptarla como un hecho consumado. Es posible transformar las cosas, pero necesitamos partir de un diagnóstico serio de lo que ocurre por ahí fuera (amenazas y oportunidades) y por nuestro interior (debilidades y fortalezas). Y, a la hora de planificar nuestro asalto al mercado laboral, tendremos que aprovechar lo bueno y desactivar lo malo, cuando no podamos suprimirlo del todo. Fácil, ¿verdad?

Supongo que conocéis la famosa herramienta DAFO, ese diagrama formado por cuatro compartimentos que nos permite visualizar la realidad exterior (columna derecha) y la interior (columna izquierda):

DEBILIDADES

AMENAZAS

FORTALEZAS

OPORTUNIDADES

Siempre que he realizado este ejercicio con alumnos, han salido más puntos negativos (fila superior) que positivos (fila inferior). Estamos viviendo un momento económico que no invita precisamente al optimismo pero, cuando las cosas iban bien por ahí fuera, los más jóvenes tampoco teníamos el cajón de las fortalezas muy lleno. Y es que tenemos una tendencia natural a infravalorarnos, tal vez por esa falsa humildad que nos caracteriza a los españoles. Queda muy mal reconocerse como un crack en algo. ¿Alguien ha visto al gran Casillas (venga, o al imprescindible Guardiola) decir en público lo que valen? Lo sé, quedaría demasiado pretencioso y egoísta no decir que hay un equipo detrás, y bla, bla, bla. Pues bien, ese no es el camino para encontrar el empleo que te mereces. Deja de quitarte méritos. Salvo tu madre o tu amigo del alma, que te quieren mucho, nadie tiene por qué conocer tus puntos fuertes de antemano (no te han visto meter goles o ganar Títulos). Así que no tienes más remedio que exprimir bien tu vida personal y académica para descubrir tus puntos fuertes (para potenciarlos y venderlos caros) y los puntos débiles que debes corregir o disimular.

Eso sí, con las fortalezas hay que hilar bien fino. Tener dos carreras, cuatro másteres y cinco idiomas no te hacen fuerte, en el mejor de los casos te permiten entrar en el montón. No tener un título puede ser un punto débil cuando es obligatorio para ejercer una profesión pero no te hace diferente a otros. Ejemplos de fortalezas: la presencia física (te facilita acceder a trabajos cara al público); la creatividad (te abre puertas en sectores relacionados con el marketing); la disciplina (imprescindible para afrontar una oposición); la facilidad de palabra (este don te convierte en carne de comercial); la habilidad de escribir bien (te sirve, por ejemplo, para escribir tu propio blog profesional y promocionarte); tener dinero o contactos (para bien o para mal, abren muchas puertas); etcétera. Es curioso que nuestros puntos fuertes rara vez se desarrollan en el aula, ese gran bunker de conocimientos académicos. Normalmente, lo que te distingue de los demás procede de tu vida personal: tus relaciones, tus aficiones, tus experiencias vitales, tu actitud ante los problemas.

Por lo que respecta a la realidad de fuera, es natural que las amenazas nos impidan ver el bosque de las oportunidades. La amenaza más evidente que nos afecta hoy es la situación económica: el paro, el acceso al crédito, los recortes, la falta de confianza… No podemos negar esta realidad ni podemos influir en ella en el plano macro, pero sí podemos tomar la iniciativa en el plano micro, es decir, como consumidores, como trabajadores, como ciudadanos, como emprendedores, como familias, como organizaciones locales… Es hora de pensar en pequeño. Cada amenaza macroeconómica puede ser combatida con soluciones microeconómicas. Para hacer frente al paro se necesitan empleadores. Para evitar la desconfianza en los datos y en las estructuras hay que confiar en las personas más cercanas. Si el dinero convencional se ha esfumado, habrá que dotarse de nuevos medios de intercambio. Si una necesidad ya está cubierta de sobra, habrá que descubrir dónde y cómo hacemos falta.

No me resisto a recordar aquí dos frases que se atribuyen a Steve Jobs, aunque son ideas universales: “Encontrad lo que amáis” y “El tiempo es muy corto para desaprovecharlo”. Por lo visto este hombre no tenía título universitario pero no me cabe duda de que en su DAFO personal, las Oportunidades y las Fortalezas pesaban más que las Amenazas y las Debilidades.

Saludos.

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Planificando la búsqueda de empleo

Hay dos maneras convencionales de enfrentarse al desempleo, al menos en los primeros días. Por un lado están los que se entregan en brazos de la desesperación y ahogan sus penas en el sofá, con el mando a distancia, gruñendo cada vez que un político o un empresario asoman en la pantalla. Como la cosa está muy mal no hay razón para moverse del papel de víctima, uno de los más cómodos de interpretar en esta vida. Por otro lado, están los que dedican su primera semana a empapelar polígonos enteros con fotocopias de su curriculum, confiando en que la estadística de probabilidades hará el resto. Después del atracón, se acabó. Pues bien, si me permitís el consejo, durante la primera semana de paro hay que hacer tres cosas:

1. Contarle a todo el mundo que estás desempleado.
2. Mover los papeles del paro, si es el caso.
3. Sentarte con papel y boli para planificar tu futuro profesional.

Habrás oído muchas veces que buscar empleo es como un trabajo en sí mismo. Yo prefiero verlo como si tuviera que elaborar mi propio plan de empresa, con su DAFO, sus objetivos a corto y a largo plazo, su marketing. Se trata de asumir la responsabilidad de tu propio futuro, no puedes delegarlo en manos de otro, aunque tu propósito sea trabajar por cuenta ajena. La crisis económica tiene algo de positivo y es que se acabó el darle las gracias al banco, al gobierno o a los sectores estratégicos por su inestimable contribución al empleo en el pasado. Es el momento de buscar soluciones personales, independientes, no convencionales. Solo o en compañía de otros que estén en tu misma situación.

Bien. Ya tienes papel en blanco y boli:

1. Tus intereses. Pregúntate qué quieres hacer con tu vida. Merece la pena que pienses a medio plazo (4-5 años). Puede que lo que te gusta no tenga nada que ver con lo que has estudiado pero ahora es el momento de sacarlo.
2. Tu realidad. Tus puntos fuertes y débiles. En qué eres un crack. En qué eres del montón. No te olvides de tus aficiones y de tus valores personales.
3. La realidad de fuera. Amenazas y oportunidades de tu entorno. En efecto, el banco no te va a dar un duro. Y no vas a salir de mileurista trabajando para otro enfrente de casa. Hay puertas abiertas pero no precisamente donde la gente hace cola.
4. Tu perfil profesional. Cuando consigas cuadrar un interés con un punto fuerte, habrás dado con el trabajo que tienes que perseguir. Hay perfiles comerciales, administrativos, mecánicos, creativos…
5. Tu estrategia de marketing personal. Cuando una empresa quiere colocar su producto en el mercado, elabora un plan comercial bajo el esquema de las 4 “P”: producto, precio, punto de venta, promoción. En el mercado laboral el producto eres tú y, afortunadamente vales más que cualquier mercancía. Eso sí, necesitas diseñar tu propia estrategia para darte a conocer como alguien único.

Dedicaré los siguientes artículos a desarrollar estos puntos, verás que no se trata de palabras bonitas.

Saludos.

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El emprendedor: ¿héroe, villano o caso perdido?

En mi segundo post de este blog me presentaba ante vosotros como un presunto emprendedor, posicionándome a medio camino entre la aspiración personal y la mala conciencia. Afortunadamente, los medios de comunicación, los internautas y nuestras autoridades políticas están haciendo un gran esfuerzo por ensalzar la imagen del emprendedor, como esa especie abnegada, creativa  y con un punto guay que va salvar a la economía española de su estancamiento económico y anímico. Vamos, que los niños ya no van a querer ser bomberos (como la generación de los 80), ni futbolistas de élite (como en los 90), ni empresarios del ladrillo (como en los años del boom). Ahora pretenderán ser emprendedores… Pues no.

En realidad, el emprendedor moderno es la versión 2.0 del autónomo de toda la vida. Igual no se dedica a las chapuzas domésticas, sino a actividades nuevas que ni siquiera estarán previstas en el CNAE. Pero comparte con el original la exposición al fracaso y cierta autosuficiencia. Y esto la sociedad todavía no lo perdona. Todo el mundo pide soluciones al problema del paro, pero nadie quiere ser empleador. Nadie discute la necesidad de la innovación, pero que inventen otros. Y tu madre, tu mujer y tu amigo del alma, como desean lo mejor para ti, ponen velas para que des un buen pelotazo laboral (=trabajo por cuenta ajena, sin complicaciones técnicas y muy bien pagado, a ser posible como funcionario) y puedas así conseguir los objetivos clásicos del español: casa, coche y vacaciones de ensueño.  No niego que esto sea un planazo.

Lo cierto es que nadie quiere tener un hijo o un amigo con ideas raras en la cabeza. Claro que siempre es mejor que te consideren un caso perdido a que sospechen sobre tu integridad moral. Por alguna razón que no entiendo, hay demasiada gente convencida de que el país se va a levantar trabajando 8 horas diarias para un patrón –lo más insufrible posible- y pagando cada vez más impuestos. Y, claro, el autónomo/emprendedor no cumple ese perfil. Es más, hay quien piensa que uno se lo monta por cuenta propia para defraudar a Hacienda, por puro deporte. No debe salir tan rentable la cosa cuando siguen cayendo empresas y autónomos como moscas. Pero ahí queda la sospecha.

¿Qué os parece? ¿Emprender es un acto heroico, un pelotazo o simplemente una locura?

Os dejo con la reflexión, un saludo.

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Qué formación necesita un emprendedor

Estamos en pleno bombardeo de medidas y propuestas dirigidas a promover la iniciativa emprendedora y, entre ellas, destacan las relacionadas con la preparación técnica de los que se van a lanzar a crear su propia actividad profesional o empresarial. Como estoy recién salido del ámbito de la formación profesional reglada, creo que puedo aportar algunas ideas sobre este tema.

Lo primero, hay que decir que la formación no es un simple mecanismo de transferencia de conocimientos. Se trata de un proceso de construcción integral que afecta a todas las dimensiones de la persona y, por tanto, debe contemplar el aprendizaje de conceptos teóricos (saber) y de habilidades prácticas o procedimientos (saber hacer) pero, sobre todo, debe servir para desarrollar actitudes vitales (ser). En realidad, este proceso debe empezar en las primeras etapas educativas y mantenerse activo durante toda la vida. La locura (sana) del emprendedor necesita ser alimentada continuamente para que la empresa no pierda la savia del riesgo natural y la innovación. Y, sólo de forma secundaria, puede ser complementada con actualizaciones y refuerzos teóricos por medio de canales diversos: cursos presenciales, formación on-line, talleres, mesas redondas, congresos, foros, blogs… Por suerte, el mercado ya ofrece al  emprendedor multitud de recursos. El problema es que el emprendedor no sabe cómo meterlos en su mochila, o bien desconoce cómo distinguir lo imprescindible de lo externalizable.

Por aterrizar un poco en los contenidos de la formación, voy a distinguir tres grandes bloques:

1.- Conceptos, ideas fuerza, teoría…

  • Qué es una empresa, por qué y para qué se crean empresas.
  • Funciones que se desarrollan en cualquier empresa: productiva, comercial, financiera.
  • Análisis de la realidad: amenazas y oportunidades.
  • Formulación de objetivos operativos (corto plazo) y estratégicos (largo plazo).
  • Marketing y función comercial.
  • Finanzas para no financieros: información contable, distinción entre beneficio, ingreso y fuente de financiación, entre rentabilidad y liquidez, gasto e inversión…

2.- Habilidades y procedimientos.

  • TICs para no informáticos.
  • Habilidades directivas: herramientas de dirección de equipos, planificación de reuniones, mecanismos de motivación.
  • Habilidades comerciales y de negociación.
  • Tramites de creación de empresas y obligaciones legales, fiscales y laborales.

3.- Actitudes.

  • Automotivación.
  • Análisis de puntos fuertes y débiles.
  • Desarrollo de la creatividad.
  • Inteligencia emocional.
  • Adaptación al cambio.

Pues bien, la lista no es exhaustiva pero se puede observar que, a medida que vamos descendiendo, lo emocional cobra más protagonismo que lo cerebral. Un plan de formación para emprendedores debe incorporar los dos componentes de forma equilibrada. Por supuesto, hay que adaptar los contenidos al contexto y a las experiencias vitales de los alumnos, pero no se debe renunciar a ninguno de ellos.

Aunque el emprendedor posee algunas cualidades innatas, es la formación la que permite dar forma a la materia prima que llevamos de serie. Y cualquier estructura creada para desempeñar esa función debe estar capacitada para un trabajo serio con personas –con cerebro y con emociones-. De otro modo se convertirá en un recurso más, en uno de tantos que ya existen en el mercado.

Saludos.

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Economista y (presunto) emprendedor

Uno sale de la Universidad con un título bajo el brazo y se cree que se va a comer el mundo. La teoría económica dice que las titulaciones académicas sirven para emitir una señal al mercado laboral: aquí estoy yo, he sido capaz de estudiar, sacrificarme, salvar obstáculos y, de paso, adquirir un lote completo de competencias útiles. Sin embargo, la sobreoferta de títulos que inunda el mercado hace que ese papel que tenemos enmarcado en la pared ya no posea ningún valor objetivo.

He dicho valor objetivo: el papel, por sí mismo, no certifica ni garantiza nada, por importante que sea la firma del Rey. En realidad, el valor habita en las personas. Y esto es importante tenerlo bien claro a la hora de lanzarse a la selva laboral. Los responsables de seleccionar personal para las empresas pueden captar ciertas señales al recibir tu curriculum vitae, tu carta de presentación o superar una entrevista, pero no pueden percibir tu valor real. Y tú puedes valer más o menos por tus conocimientos y por tus habilidades, pero también por tus actitudes: la disponibilidad, la capacidad de automotivación, la proactividad, incluso el carácter. Las actitudes no se pueden probar de antemano (aunque declaremos tenerlas todas el día de la entrevista). Por eso hay personas con título pero sin valor (en la práctica, no empleables) y personas que convierten en oro todo lo que tocan aunque no puedan demostrarlo con un papel. En mi etapa docente he conocido ejemplares de los dos tipos. Y es muy duro decir que existe mucha gente que no va a encontrar trabajo a corto plazo por miedos personales, falta de carácter o desmotivación crónica.

Te propongo un ejercicio muy sencillo. Imagina que te vas a poner a trabajar por tu cuenta. Te abres un perfil en Twitter y tienes que poner una descripción muy breve de ti mismo. Además, tienes que sacar tarjetas de visita para darte a conocer en el mundo offline. Lógicamente no te vas a vender como “desempleado”, ni siquiera como “buscador activo de empleo”. Pues bien, después de darle algunas vueltas, yo he decidido presentarme como economista y (presunto) emprendedor. Y te cuento. Lo de economista está claro: soy Licenciado en Economía, he enseñado Economía, escribo sobre Economía y me obligo a seguir estudiando de lo mío para seguir al día. No soy economista jefe de ninguna gran corporación pero, si me permitís, la mía es de las profesiones más abiertas que existen: un economista puede ser lo que quiera, desde corredor de Bolsa hasta Product Manager de una tienda de chuches (yo prefiero lo segundo). Lo que no tenía tan claro era lo de emprendedor, esa especie tan controvertida en los últimos tiempos. Y es que, a pesar de que soy un banco de ideas andante y necesito YA una actividad creativa, reconozco que trabajar por cuenta ajena es un lujazo, aunque sea de administrativo. Emprendedor es una palabra que merece ser tratada con respeto y propiedad. Y mientras otros se han tirado a la piscina, yo todavía estoy comprobando si hay agua. Así que, además de economista, me declaro presunto emprendedor. Aspirante a la cosa, vamos. Cuando sea mayor. Pero espero quitarme ese adjetivo pronto porque el tiempo apremia (y en una tarjeta de visita no quedaría muy creíble).

¿Y tú, cómo te defines?

Un saludo.

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Reinventándome

Ha pasado ya algún tiempo desde que un tipo llamado Abraham Maslow diseñó una teoría sobre la motivación de las personas. Un anuncio de televisión la explicaba de forma muy gráfica con el ejemplo de un coche: lo primero que le pedimos a un vehículo es que nos lleve y nos traiga (necesidad básica); más tarde exigimos que el carro cuente con mejores prestaciones de seguridad (el segundo escalón de la pirámide de Maslow), que los demás admiren lo bien que nos sienta el azul metalizado y la tapicería (reconocimiento social) y, con el tiempo, sentirnos a gusto conduciendo (la autoestima). Sólo unos pocos le exigen al coche llegar al escalón más elevado: el de la autorrealización, es decir, el cumplimiento de los objetivos vitales y el aprovechamiento máximo de las propias capacidades.

En el mundo del trabajo y de la empresa, las personas tampoco nos movemos por las mismas razones. Hay gente que se conforma con un sueldo y una estabilidad para abrir las puertas de ese crédito que permite alcanzar lo que no te dan veinte años de trabajo. Otros buscan hacer carrera, aprender, sentirse valorados, crecer. Y luego estamos los rara avis, esos que entendemos el trabajo como un medio de construcción personal -no confundir con el workaholismo-.

Pues bien, el pasado 31 de agosto me comunicaron que mi contrato como profesor del área de Formación y Orientación Laboral no iba a ser renovado. Me alivió saber que no era una cuestión de incapacidad, ni de un trabajo mal hecho. Simplemente costes: ahora sale más barato contratar a una persona en formación. De modo que ahora toca hacer frente al fantasma del desempleo que, además de un problema económico, implica meterse en una dinámica que me asusta: la incertidumbre, el estancamiento profesional, los cursos de iniciación al Word

Así que toca pasar página y abrir otras puertas. A ser posible, aprovechando lo aprendido en etapas anteriores. Y, claro, como no me voy a llevar a mi mujer y a mis hijos a Alemania, me queda la opción del autoempleo. Más que una necesidad, lo de emprender me lleva persiguiendo bastante tiempo, por el trabajo realizado con mis alumnos desde 2007 y porque me apetece hacer algo más creativo. Claro que las caras que ponen mis allegados cuando se lo cuento… Ya os contaré.

Seguiremos informando.

Y, por cierto, bienvenido a mi blog.

 
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