Qué formación necesita un emprendedor

Estamos en pleno bombardeo de medidas y propuestas dirigidas a promover la iniciativa emprendedora y, entre ellas, destacan las relacionadas con la preparación técnica de los que se van a lanzar a crear su propia actividad profesional o empresarial. Como estoy recién salido del ámbito de la formación profesional reglada, creo que puedo aportar algunas ideas sobre este tema.

Lo primero, hay que decir que la formación no es un simple mecanismo de transferencia de conocimientos. Se trata de un proceso de construcción integral que afecta a todas las dimensiones de la persona y, por tanto, debe contemplar el aprendizaje de conceptos teóricos (saber) y de habilidades prácticas o procedimientos (saber hacer) pero, sobre todo, debe servir para desarrollar actitudes vitales (ser). En realidad, este proceso debe empezar en las primeras etapas educativas y mantenerse activo durante toda la vida. La locura (sana) del emprendedor necesita ser alimentada continuamente para que la empresa no pierda la savia del riesgo natural y la innovación. Y, sólo de forma secundaria, puede ser complementada con actualizaciones y refuerzos teóricos por medio de canales diversos: cursos presenciales, formación on-line, talleres, mesas redondas, congresos, foros, blogs… Por suerte, el mercado ya ofrece al  emprendedor multitud de recursos. El problema es que el emprendedor no sabe cómo meterlos en su mochila, o bien desconoce cómo distinguir lo imprescindible de lo externalizable.

Por aterrizar un poco en los contenidos de la formación, voy a distinguir tres grandes bloques:

1.- Conceptos, ideas fuerza, teoría…

  • Qué es una empresa, por qué y para qué se crean empresas.
  • Funciones que se desarrollan en cualquier empresa: productiva, comercial, financiera.
  • Análisis de la realidad: amenazas y oportunidades.
  • Formulación de objetivos operativos (corto plazo) y estratégicos (largo plazo).
  • Marketing y función comercial.
  • Finanzas para no financieros: información contable, distinción entre beneficio, ingreso y fuente de financiación, entre rentabilidad y liquidez, gasto e inversión…

2.- Habilidades y procedimientos.

  • TICs para no informáticos.
  • Habilidades directivas: herramientas de dirección de equipos, planificación de reuniones, mecanismos de motivación.
  • Habilidades comerciales y de negociación.
  • Tramites de creación de empresas y obligaciones legales, fiscales y laborales.

3.- Actitudes.

  • Automotivación.
  • Análisis de puntos fuertes y débiles.
  • Desarrollo de la creatividad.
  • Inteligencia emocional.
  • Adaptación al cambio.

Pues bien, la lista no es exhaustiva pero se puede observar que, a medida que vamos descendiendo, lo emocional cobra más protagonismo que lo cerebral. Un plan de formación para emprendedores debe incorporar los dos componentes de forma equilibrada. Por supuesto, hay que adaptar los contenidos al contexto y a las experiencias vitales de los alumnos, pero no se debe renunciar a ninguno de ellos.

Aunque el emprendedor posee algunas cualidades innatas, es la formación la que permite dar forma a la materia prima que llevamos de serie. Y cualquier estructura creada para desempeñar esa función debe estar capacitada para un trabajo serio con personas –con cerebro y con emociones-. De otro modo se convertirá en un recurso más, en uno de tantos que ya existen en el mercado.

Saludos.

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