El emprendedor: ¿héroe, villano o caso perdido?

En mi segundo post de este blog me presentaba ante vosotros como un presunto emprendedor, posicionándome a medio camino entre la aspiración personal y la mala conciencia. Afortunadamente, los medios de comunicación, los internautas y nuestras autoridades políticas están haciendo un gran esfuerzo por ensalzar la imagen del emprendedor, como esa especie abnegada, creativa  y con un punto guay que va salvar a la economía española de su estancamiento económico y anímico. Vamos, que los niños ya no van a querer ser bomberos (como la generación de los 80), ni futbolistas de élite (como en los 90), ni empresarios del ladrillo (como en los años del boom). Ahora pretenderán ser emprendedores… Pues no.

En realidad, el emprendedor moderno es la versión 2.0 del autónomo de toda la vida. Igual no se dedica a las chapuzas domésticas, sino a actividades nuevas que ni siquiera estarán previstas en el CNAE. Pero comparte con el original la exposición al fracaso y cierta autosuficiencia. Y esto la sociedad todavía no lo perdona. Todo el mundo pide soluciones al problema del paro, pero nadie quiere ser empleador. Nadie discute la necesidad de la innovación, pero que inventen otros. Y tu madre, tu mujer y tu amigo del alma, como desean lo mejor para ti, ponen velas para que des un buen pelotazo laboral (=trabajo por cuenta ajena, sin complicaciones técnicas y muy bien pagado, a ser posible como funcionario) y puedas así conseguir los objetivos clásicos del español: casa, coche y vacaciones de ensueño.  No niego que esto sea un planazo.

Lo cierto es que nadie quiere tener un hijo o un amigo con ideas raras en la cabeza. Claro que siempre es mejor que te consideren un caso perdido a que sospechen sobre tu integridad moral. Por alguna razón que no entiendo, hay demasiada gente convencida de que el país se va a levantar trabajando 8 horas diarias para un patrón –lo más insufrible posible- y pagando cada vez más impuestos. Y, claro, el autónomo/emprendedor no cumple ese perfil. Es más, hay quien piensa que uno se lo monta por cuenta propia para defraudar a Hacienda, por puro deporte. No debe salir tan rentable la cosa cuando siguen cayendo empresas y autónomos como moscas. Pero ahí queda la sospecha.

¿Qué os parece? ¿Emprender es un acto heroico, un pelotazo o simplemente una locura?

Os dejo con la reflexión, un saludo.

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