Planificando la búsqueda de empleo (6): el valor y el precio del trabajo

En una entrevista de trabajo que mantuve hace unos cuantos años me preguntaron cuánto quería ganar por mi trabajo. No era una pregunta retórica, me estaban pidiendo una cifra, querían saber exactamente cuánto quería cobrar en nómina. Mi primera respuesta salió del manual del entrevistado: “pues lo que diga el convenio…” Error. El de recursos humanos me seguía tirando de la lengua para que me mojara un poco más y entonces caí en la trampa del currela competitivo en precio: “yo trabajaría por X euros al mes…”. Doble error. Las empresas buenas –y esta lo era- calculan costes laborales anuales, así que tenía que haber dado una cifra en términos brutos anuales. Y el segundo fallo, todavía más gordo: si el puesto al que optaba tenía que ver con compras y con proveedores, la empresa no debía contratar a un tipo incapaz de negociar su propio sueldo. Como es lógico no pasé el filtro y hoy recuerdo esta entrevista como una de las peores que he realizado en mi vida laboral.

Hoy estamos pasando una grave crisis económica y seguramente no nos vamos a encontrar con este tipo de preguntas en una entrevista de trabajo. Pero a la hora de planificar nuestra búsqueda, no está de más que pensemos un rato sobre el valor de nuestra aportación a la empresa (conocimientos + habilidades + actitudes) y en el precio que deberíamos exigir por ella. Las empresas y los profesionales pueden resolver este tema de tres formas:

  • Estimando cuánto está dispuesto a pagar el cliente por el producto o por el servicio.
  • Estudiando los precios de la competencia y decidiendo si conviene cobrar por debajo de ella (estrategias low cost) o por encima (estrategias de calidad).
  • Calculando los propios costes al céntimo y aplicando el margen adecuado a los objetivos marcados.

Pues bien, aunque no nos dé por emprender, no es mala idea plantearse cuánto queremos ganar por nuestro trabajo por cuenta ajena. Lo primero, porque nos lo pueden preguntar en la entrevista y, en ese caso, deberíamos llevar una horquilla salarial en función del puesto de trabajo al que optemos, teniendo en cuenta el sector y la localización geográfica de la empresa. Los convenios sectoriales nos pueden dar pistas para no dar respuestas temerarias: si un licenciado cobra por convenio 26.000 euros brutos anuales, se encuentra en el rango de 25.000 – 30.000 por lo que no sería razonable pedir 35.000 euros pero tampoco dar a entender que te conformarías con 22.000. Además, en una posible negociación, se pueden poner encima de la mesa otros elementos como la flexibilidad horaria o la posibilidad de pedir días de asuntos propios.

En segundo lugar, es bueno preguntarse por el precio-salario porque la teoría y la práctica empresarial dice que el empleador contrata cuando estima que va a ganar más con tu trabajo que lo que te va a pagar. Coste – beneficio. En el mundo laboral vales más de lo que cuestas y, para ganar más, hay que hacer lo posible para aumentar el propio valor (y que el empleador lo aprecie, claro, nunca mejor dicho). En esto del valor y el precio cuentan mucho las expectativas y ocurre como en los restaurantes. Si un menú de comida rápida te cuesta 3 euros, tus esperanzas de quedar agradecido se ajustan a la oferta: no puedes exigir gran cosa. Si la oferta consiste en un menú del día a 8 euros, con variedad de platos a elegir, ya empezamos a notar las diferencias en calidad. Pero si resulta que nos vamos a un restaurante de diseño que clava tickets medios de 50 euros por barba, los señores comensales exigiremos una calidad claramente superior a ese precio. Así que nosotros tendremos que decidir si vamos a salir al mercado laboral como bocata rápido (baratos pero de baja exigencia), como menú del día (a precio de mercado pero capaces de diferenciarnos) o como carta de lujo (exigiendo condiciones mejores pero generando expectativas y, por supuesto, cumpliendo con ellas).

Por último, hay otra razón por la que debemos planificar el precio de nuestro trabajo: nuestros objetivos y proyectos de futuro. Hay trabajos muy bien pagados que te pueden apartar de tus sueños personales, incluidos los materiales. Que se lo pregunten a los que dejaron de estudiar para sacarse una pasta gansa en la construcción. Sin embargo, hay trabajos aparentemente mediocres que te pueden orientar una buena carrera profesional. Ese pedazo de reponedor que acaba dirigiendo el departamento de recursos humanos de un centro comercial. Así que, cuando te preguntes por el sueldo, hazlo en el contexto de tus propios objetivos.

Hay una cosa que está clara: cuando uno trabaja para otro, el sueldo siempre va a estar limitado por un montón de variables y ninguna depende de ti. Así que, si tus objetivos personales no salen caros no hay problema en dejar el tema salario a un lado. Pero si quieres que el precio de lo que haces se acerque más a lo que realmente vales, puede que tengas que plantearte la opción de emprender, a tiempo parcial o total. De eso hablaré en el siguiente paso de nuestra planificación.

S2

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