Planificando la búsqueda de empleo (7): dónde colocar el talento

En el mundo del marketing empresarial, además de trabajar la marca y el precio del producto o el servicio que sale al mercado, es vital tomar decisiones adecuadas respecto al canal de distribución o el punto de venta donde nos va a encontrar el cliente. No es lo mismo vender vino en el supermercado, en un restaurante reconocido o en la propia bodega. Me explico.

Si elegimos el supermercado como punto de venta vamos a llegar a más clientes pero tendremos que competir con muchas otras referencias y, a no ser que seamos una marca muy reconocida por su calidad, nuestra estrategia comercial consistirá en ajustar precio y aceptar las condiciones que el establecimiento impone a sus proveedores. Además, corremos el peligro de que nuestro vino, que por supuesto es el mejor del lugar, acabe siendo degustado por clientes que no lo van a apreciar, porque no son capaces de distinguir un denominación de origen de un garrafón. Y, posiblemente, ni falta que les hace porque sólo lo quieren para acompañar las comidas.

Si optamos por colocar nuestro vino en restaurantes o establecimientos selectos, llegaremos a un grupo de clientes más reducido pero de paladar más fino y cartera más abultada. Seguramente el dueño del local nos cuidará mucho más que el mozo de almacén del súper y aprovechará cualquier ocasión para recomendarnos. Pero también nos podemos encontrar de frente con la crisis económica y quedarnos sin vender una triste botella por ese canal.

Por último, podemos escoger una tercera vía: apostar por nosotros mismos y vender el vino en nuestra propia bodega, cuidando la parte comercial con la misma atención que dedicamos a la fabricación. La bodega es nuestro entorno natural, el lugar donde somos nosotros mismos. Y también la única manera de llegar a los clientes que realmente apreciarán nuestro buen hacer. El riesgo está en que, a veces, poner toda la carne en el asador no es suficiente. Y puede ser que uno sea bueno elaborando el vino pero no vendiéndolo.

Pues bien, salvando las distancias, el mercado laboral tiene muchas similitudes con el mercado del vino. Lo que ocurre es que, en el siglo XXI, las personas vendemos talento y no horas de trabajo, como decía la teoría clásica. El talento no es algo exclusivo de los artistas o los consultores, sino un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que nos hace únicos, reconocibles y recordables. Y una vez que hemos descubierto cuál es nuestro talento, me parece vital que pensemos bien a quién vamos a prestárselo.

Tal y como están las cosas, lo habitual es lanzarnos a la selva y aceptar el primer trabajo por cuenta ajena que nos encontremos. Si seguimos esta estrategia de búsqueda, debemos prepararnos para aceptar las reglas del supermercado, con sus ventajas e inconvenientes. Es verdad que es el mejor canal para llegar al mayor número posible de empleadores pero también exige un esfuerzo mayor de diferenciación y una flexibilidad a prueba de todo tipo de explotación laboral.

La segunda opción que tenemos es hacer una selección más cuidada de empresas donde nos gustaría trabajar, incluida la administración pública –el paladar más fino del mercado laboral a pesar de la que está cayendo-. Esta estrategia requiere más dedicación y, sobre todo, objetivos muy claros para no desenfocarnos. Si nos movemos por dinero a corto plazo es evidente que esta no va a ser nuestra manera de buscar empleo. Pero si tenemos algo de margen –y para eso está la prestación por desempleo- debemos filtrar nuestra búsqueda con criterios relacionados con nuestras competencias y nuestros objetivos personales.

Y luego nos queda la posibilidad de lanzarnos a la aventura de trabajar por cuenta propia. Esta es una decisión que no se debe tomar con urgencia, ya que requiere preparación previa y ganas de salir a vender. Si este es tu caso, te diré que la opción de emprender es la única que te permitirá perseguir tus objetivos personales sin más límites que los que tú quieras imponerte. Es verdad que trabajar por cuenta propia implica mucha energía y riesgos pero también el trabajo por cuenta ajena lo requiere y cada vez más. A pesar de que la legislación protege en teoría al empleado, en la práctica es él quien asume los vaivenes del entorno. Por eso no hay que exagerar los inconvenientes de vender el vino en la bodega, porque en el súper o en el canal gourmet nos puede ir igual de mal.

¿Es posible diseñar una estrategia multicanal para no cerrarse puertas? Desde luego que sí pero no nos vamos a engañar: eso de “trabajo por cuenta ajena y luego ya me pondré un negociete a tiempo parcial” no suele funcionar porque el emprendimiento consume mucho tiempo y energía, si nos lo tomamos en serio. Como tampoco es fácil trabajar y prepararse una oposición al mismo tiempo. No es imposible pero yo recomiendo centrar la búsqueda y elegir el camino más adecuado para que nuestro talento no se pierda.

La semana que viene finalizo esta serie de entradas sobre la búsqueda de empleo, hablaré de los diferentes medios por los que podemos comunicarnos con el mercado.

Saludos

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2 respuestas a Planificando la búsqueda de empleo (7): dónde colocar el talento

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