La ruta del emprendedor

La semana pasada daba por cerrado un itinerario metodológico para la orientación profesional, pensado especialmente para personas desempleadas pero también útil para quienes quieran reenfocar su vida laboral. Este itinerario parte de un análisis de intereses, capacidades y circunstancias y se apoya en una estrategia de marketing personal similar a la que puede desarrollar una empresa para colocar su producto en el mercado. Aunque es bueno contar con un orientador que te acompañe en la ruta, no hay problema en seguirla a solas.

Sin embargo, esta ruta puede resultar inadecuada para cierta clase de personas: los emprendedores por oportunidad (no por necesidad) o incluso grupos que deciden enfrentarse juntos a los problemas. Personas que entienden la salida por cuenta propia no como un plan B alternativo, sino como la primera opción. En esto ocurre como en la montaña: hay gente que prefiere las rutas conocidas o de menor dificultad (aparente) y también hay quien elige descubrir caminos nuevos y arriesgados (los pioneros o entrepreneurs). Eso sí, vayamos por el camino que vayamos, el punto de llegada sigue siendo el mismo: el cliente. Aunque haya un empleador en medio, de lo que se trata es de generar valor para un cliente final.

Pues bien, hoy quiero proponer un itinerario alternativo para todos aquellos que gustan de las emociones fuertes. Se trata de una ruta más larga y complicada, pero también más bonita y vistosa. Se puede recorrer en solitario pero recomiendo hacerlo en grupo, como un proceso de emprendimiento colectivo. Sin atajos ni regresos anticipados. En esta entrada me limitaré a indicar las etapas y la semana que viene comenzamos a ver los detalles del terreno que vamos a pisar. A saber:

1.- El punto de partida es el mismo que en el itinerario anterior: analizar las propias capacidades y debilidades, observar el entorno (amenazas y oportunidades) y comprobar cuáles son nuestros intereses y objetivos personales. Este ejercicio es crucial cuando emprendemos en grupo: muchas veces confundimos motivación con “motivos”, no siempre cuadran los objetivos de los socios o el grado de compromiso con el proyecto difiere entre participantes.

2.- La idea suele ser la excusa de muchos para probar suerte con un nuevo proyecto de negocio. No debe ser sobrevalorada pero es bueno que haya espacio y tiempo en el proceso para ejercitar la creatividad y poner varias ideas encima de la mesa. Bien entendido que es la persona o el equipo quien puede convertir la idea en empresa de éxito.

3.- El modelo de negocio se puede definir como un boceto de la empresa, en el que vamos a visualizar claramente cuál es la propuesta de valor, a quién va dirigida y cómo vamos a monetizarla. Es una etapa de diseño y conceptualización necesaria antes de lanzarnos como descerebrados a la hoja de cálculo. Para su desarrollo, contamos con herramientas muy útiles como el Model Business Canvas, que además cuenta con una versión para la orientación profesional.

4.- El plan de negocio se desarrolla a partir del modelo diseñado en el paso anterior y debe explicar el producto o servicio objeto de la empresa, el proceso productivo, la planificación comercial y las previsiones económico-financieras que van a justificar la viabilidad de la empresa. El plan es obligatorio para poder optar a ayudas o recursos ajenos, pero desde luego no es una garantía de éxito. Desde mi punto de vista, la utilidad del plan tiene que ver más con el proceso de reflexión que conlleva su elaboración que con el documento final resultante. En todo caso, la empresa debe permanecer siempre con mentalidad innovadora, así que el plan debe estar vivo y abierto.

5.- La forma jurídica es el traje legal que va a llevar la empresa en el mercado y se decide en función de las líneas maestras que resultan del plan de negocio y de las relaciones que quieran establecer los socios. Nunca se debe elegir un formato jurídico de antemano, al menos sin haber dibujado el modelo de negocio.

6.- Por último, la captación de recursos comienza en el momento que hemos adoptado la forma jurídica, especialmente si vamos a optar a ayudas públicas o vamos a recurrir a préstamos. No se debe escoger una fórmula jurídica por las posibles subvenciones a las que tenga derecho, ya que podemos cometer errores irreversibles.

Os dejo el mapa de ruta colgado en la pestaña Itinerarios por si os sirve de ayuda y, en este caso, sí os animo a que busquéis un buen sherpa que os acompañe en la escalada.

¿Preparados para emprender? Empezamos a andar en la próxima entrada.

Saludos.

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