Antes de emprender: revisando el concepto de emprendedor

Llevo bastante tiempo leyendo mucho sobre emprendimiento*, tanto en papel como en digital, y en los últimos meses estoy observando una peligrosa polarización entre dos grandes grupos de pensamiento. De un lado están los entusiastas de la cuestión, que se toman el emprendimiento como la última moda o, en el mejor de los casos, como la receta mágica para resolver los problemas del planeta. A los participantes de este primer grupo se les identifica por sus decálogos teórico-generalistas y por su desbordante optimismo ante el nuevo paradigma económico. En el lado contrario nos encontramos a un grupo de grandes y mediáticos expertos que han decidido adoptar el papel de niños malos y defienden que esto del emprendimiento no es para todo el mundo, más bien es para unos pocos escogidos. Además lo hacen con palabras duras y a veces hirientes para dejar en evidencia a los flower power aquellos.

Aunque en este momento me reconozco más cercano al primer grupo –y eso que prefiero consumir contenido contundente antes que potitos en forma de decálogo- no me parece mal que haya gente que avise de los riesgos y de la seriedad del rollo emprendedor. No tengo la menor duda de su autoridad profesional y moral. Pero esta entrada –la primera de mi ruta metodológica para emprendedores– va de aclarar conceptos para no perder el norte nada más empezar el camino.

Ya sabemos que la palabra emprendedor viene del francés entrepreneur (pionero). Es alguien que decide adelantarse a explorar terrenos no conquistados. Sin embargo, creo que no nos hacemos ningún favor si pensamos que las personas emprendedoras deben llevar traje azul y rojo, con capa, una bonita “S” tatuada a fuego y, ya puestos, halo luminoso de mártir. Nada de eso. Ante todo, un emprendedor es alguien que detecta una necesidad no cubierta y se busca la vida para resolverla. Es un solucionador de problemas. Emprendedores hacen falta en todas partes: en las empresas, en los barrios, en la familias, en las organizaciones sociales, en los colegios, en los hospitales, en las administraciones públicas… Por desgracia, vivimos en un entorno que prefiere exigir soluciones en lugar de ponerse a diseñarlas.

Hablar de emprendimiento como sinónimo de empresario me parece reduccionista. Es más, me pone de mala leche escuchar cosas como que la inversión mínima para poner una empresa es de 100.000 euros. Idea que procede de personas que, precisamente, se dedican a exigir a las administraciones y a los bancos que pongan esa cifra encima de la mesa. Y es que el dinero no resuelve problemas, lo hacen las personas. Por eso, me permitís que amplíe el concepto de emprendedor a estos cuatro tipos:

  • El emprendedor trabajador. Lo que viene siendo el autónomo de toda la vida, me da igual que desarrolle una actividad de marca o que se dedique a oficios más pedestres. Lo sean por necesidad, por oportunidad o por cualquier otro motivo, necesitamos emprendedores trabajadores que sean muy buenos en lo suyo y que no rehúyan la parte comercial de su trabajo.

  • El emprendedor empresario. Normalmente está ahí por ánimo de lucro, para ganar dinero, por pura y dura oportunidad. En este caso concreto, no creo que las apreturas económicas traigan buenos empresarios. Pero necesitamos emprendedores empresarios, forrados de pasta o no, que desarrollen buenos modelos de negocio, que quieran ganar dinero, que para ello generen muchos beneficios y, por tanto, ayuden a agrandar la tarta de la economía.

  • El emprendedor social. Esa especie de culo inquieto que tiene los cinco sentidos puestos en esas necesidades que no encajan en el tipo anterior y que se buscan la vida para solucionarlas, normalmente por la vía del asociacionismo, el cooperativismo no lucrativo, la caridad de la caña y no del pez… Necesitamos emprendedores sociales que sean sensibles a los problemas de las personas y que apuesten por soluciones basadas en la autogestión y en la inteligencia colectiva.

  • El intraemprendedor. Por último, se puede ser emprendedor trabajando por cuenta ajena, incluso en la administración pública. Me consta que las mejores empresas apuestan por personas dotadas de competencias emprendedoras (proactivas, creativas, orientadas al cliente, resolutivas, comunicadores, líderes). Y, desde luego, necesitamos intraemprendedores que, en el ámbito de su organización, sean capaces de aportar ideas y de ejecutar proyectos antes de que llegue el recorte o el concurso de acreedores que nos va a dejar en la calle.

¿De verdad creemos que una sociedad puede funcionar con unos pocos emprendedores escogidos? Yo creo que no. Por favor, que lluevan solucionadores. Que lluevan emprendedores.

*El diccionario de la RAE no incluye palabros como emprendizaje o emprendeduría.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Emprendedores y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Antes de emprender: revisando el concepto de emprendedor

  1. Pingback: Antes de emprender: desmontando creencias limitantes | espacio transversal

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s