Antes de emprender: desmontando creencias limitantes

Tengo que reconocer que, últimamente, me cuesta mucho explicar en qué consiste mi trabajo como técnico de promoción económica, sobre todo en lo que se refiere al emprendimiento. Cuando lo hago, especialmente cuando hablo con familiares o amigos, casi tengo que pedir disculpas. Como decía en la entrada anterior, demasiadas personas relacionan el emprendimiento con crear empresas. Así que explicar por qué hay que ayudar a los emprendedores puede convertirse en una misión imposible, sobre todo cuando hablas con gente que lo está pasando muy mal como autónomo / empresario o bien que ha sido adoctrinada educada para trabajar por cuenta ajena. No son pocos los que creen que los emprendedores viven vivimos en la nube, y no precisamente en la digital.

Por cada crítica que se hace al emprendimiento –o a las políticas de apoyo al emprendedor- hace falta proponer alguna alternativa y lo cierto es que en las conversaciones que tengo sobre el tema nadie aporta soluciones más allá del “que piensen otros (que para eso les pagamos)” o “España tiene tres salidas (por tierra, mar y aire)”. Señal de que una parte de nuestra sociedad se ha acomodado en una creencia limitante: la respuesta a nuestros problemas no está en el emprendimiento. Y se trata de una creencia limitante porque esta idea nos mantiene encadenados al sofá, acomodados en ese papel que tanto nos gusta: el de consumidores de pesimismo y malas noticias.

Pues bien, es evidente que también hay personas que han decidido apagar la tele y levantarse del sofá porque tienen, al menos, una creencia empoderante: los problemas se resuelven actuando. Una persona que piensa de esa manera, aunque no lleve el apellido emprendedora, está preparada para construir su futuro y, seguramente, el de otros muchos.

Sin embargo, sucede que muchos emprendedores mantienen ciertas creencias que también pueden limitar el desarrollo de sus proyectos y conviene ponerlas en cuarentena antes de echar a andar. Ahí está, por ejemplo, esa creencia tan extendida de que los beneficios, el ánimo de lucro, son incompatibles con los objetivos sociales. Esta idea es muy peligrosa para los emprendedores que trabajan bajo fórmulas de economía social, ya que una cosa es no repartir beneficios  y otra cosa es no hacer un solo número para garantizar la sostenibilidad del proyecto. Sí, las empresas sociales también necesitan modelo de negocio y plan económico-financiero. No, disponer de subvenciones no nos libra de llevar una gestión eficiente de los recursos, como si estuviéramos dirigiendo una empresa convencional. Y si queremos que un proyecto social genere beneficios sociales, necesitamos generar beneficios monetarios para reinvertirlos en el proyecto e independizarlo de los vaivenes externos.

Otra creencia muy habitual entre los españoles tiene que ver con la parte comercial, en línea con la mala prensa que tiene el ánimo de lucro. No es que no nos guste vender, es que creemos que vender equivale a estafar. En esta creencia influye decisivamente el convencimiento que uno tenga sobre su propio producto o servicio pero tampoco ayuda mucho la moda del todo gratis. En la era de Internet, parece impensable cobrar por cualquier trabajo que tenga que ver con la información y el conocimiento: los cursos tienen que ser gratis, el asesoramiento tiene que ser gratis, los imprevistos y añadidos siempre incluidos en el precio… Una cosa es no cobrar por una primera consulta y otra muy diferente es regalar tu tiempo y tu trabajo. Si un emprendedor no está convencido de que su trabajo tiene un precio, será carne de explotación. Así que, como suelen anunciar algunas ofertas de empleo: remuneración según valía.

Por último, otra creencia limitante para muchos emprendedores tiene que ver con la inversión inicial. Parece que si no tienes oficina física, todos los gadgets de última generación y un gran despliegue de publicidad, todo ello a golpe de crédito, no eres nadie. Pues bien, que nos quede muy claro que la principal inversión que debe realizar un emprendedor es de tiempo y de talento. Que lo demás sobra. Que lo único que vale es lo que hagas para conectar con tus usuarios / clientes y descubrir en qué puedes ayudarles. El valor está en las personas y en su talento, no en las cosas. Creer en las cosas más que en las personas es lo que nos ha llevado al desastre.

Conclusión: antes de emprender, desmontemos todo aquello que nos puede limitar. No nos dejemos impresionar por afirmaciones e ideas que no nos aportan nada y sigamos a aquellos que triunfaron porque no sabían que era imposible.

Saludos.

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2 respuestas a Antes de emprender: desmontando creencias limitantes

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