Planificando la búsqueda de empleo (7): dónde colocar el talento

En el mundo del marketing empresarial, además de trabajar la marca y el precio del producto o el servicio que sale al mercado, es vital tomar decisiones adecuadas respecto al canal de distribución o el punto de venta donde nos va a encontrar el cliente. No es lo mismo vender vino en el supermercado, en un restaurante reconocido o en la propia bodega. Me explico.

Si elegimos el supermercado como punto de venta vamos a llegar a más clientes pero tendremos que competir con muchas otras referencias y, a no ser que seamos una marca muy reconocida por su calidad, nuestra estrategia comercial consistirá en ajustar precio y aceptar las condiciones que el establecimiento impone a sus proveedores. Además, corremos el peligro de que nuestro vino, que por supuesto es el mejor del lugar, acabe siendo degustado por clientes que no lo van a apreciar, porque no son capaces de distinguir un denominación de origen de un garrafón. Y, posiblemente, ni falta que les hace porque sólo lo quieren para acompañar las comidas.

Si optamos por colocar nuestro vino en restaurantes o establecimientos selectos, llegaremos a un grupo de clientes más reducido pero de paladar más fino y cartera más abultada. Seguramente el dueño del local nos cuidará mucho más que el mozo de almacén del súper y aprovechará cualquier ocasión para recomendarnos. Pero también nos podemos encontrar de frente con la crisis económica y quedarnos sin vender una triste botella por ese canal.

Por último, podemos escoger una tercera vía: apostar por nosotros mismos y vender el vino en nuestra propia bodega, cuidando la parte comercial con la misma atención que dedicamos a la fabricación. La bodega es nuestro entorno natural, el lugar donde somos nosotros mismos. Y también la única manera de llegar a los clientes que realmente apreciarán nuestro buen hacer. El riesgo está en que, a veces, poner toda la carne en el asador no es suficiente. Y puede ser que uno sea bueno elaborando el vino pero no vendiéndolo.

Pues bien, salvando las distancias, el mercado laboral tiene muchas similitudes con el mercado del vino. Lo que ocurre es que, en el siglo XXI, las personas vendemos talento y no horas de trabajo, como decía la teoría clásica. El talento no es algo exclusivo de los artistas o los consultores, sino un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que nos hace únicos, reconocibles y recordables. Y una vez que hemos descubierto cuál es nuestro talento, me parece vital que pensemos bien a quién vamos a prestárselo.

Tal y como están las cosas, lo habitual es lanzarnos a la selva y aceptar el primer trabajo por cuenta ajena que nos encontremos. Si seguimos esta estrategia de búsqueda, debemos prepararnos para aceptar las reglas del supermercado, con sus ventajas e inconvenientes. Es verdad que es el mejor canal para llegar al mayor número posible de empleadores pero también exige un esfuerzo mayor de diferenciación y una flexibilidad a prueba de todo tipo de explotación laboral.

La segunda opción que tenemos es hacer una selección más cuidada de empresas donde nos gustaría trabajar, incluida la administración pública –el paladar más fino del mercado laboral a pesar de la que está cayendo-. Esta estrategia requiere más dedicación y, sobre todo, objetivos muy claros para no desenfocarnos. Si nos movemos por dinero a corto plazo es evidente que esta no va a ser nuestra manera de buscar empleo. Pero si tenemos algo de margen –y para eso está la prestación por desempleo- debemos filtrar nuestra búsqueda con criterios relacionados con nuestras competencias y nuestros objetivos personales.

Y luego nos queda la posibilidad de lanzarnos a la aventura de trabajar por cuenta propia. Esta es una decisión que no se debe tomar con urgencia, ya que requiere preparación previa y ganas de salir a vender. Si este es tu caso, te diré que la opción de emprender es la única que te permitirá perseguir tus objetivos personales sin más límites que los que tú quieras imponerte. Es verdad que trabajar por cuenta propia implica mucha energía y riesgos pero también el trabajo por cuenta ajena lo requiere y cada vez más. A pesar de que la legislación protege en teoría al empleado, en la práctica es él quien asume los vaivenes del entorno. Por eso no hay que exagerar los inconvenientes de vender el vino en la bodega, porque en el súper o en el canal gourmet nos puede ir igual de mal.

¿Es posible diseñar una estrategia multicanal para no cerrarse puertas? Desde luego que sí pero no nos vamos a engañar: eso de “trabajo por cuenta ajena y luego ya me pondré un negociete a tiempo parcial” no suele funcionar porque el emprendimiento consume mucho tiempo y energía, si nos lo tomamos en serio. Como tampoco es fácil trabajar y prepararse una oposición al mismo tiempo. No es imposible pero yo recomiendo centrar la búsqueda y elegir el camino más adecuado para que nuestro talento no se pierda.

La semana que viene finalizo esta serie de entradas sobre la búsqueda de empleo, hablaré de los diferentes medios por los que podemos comunicarnos con el mercado.

Saludos

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Planificando la búsqueda de empleo (6): el valor y el precio del trabajo

En una entrevista de trabajo que mantuve hace unos cuantos años me preguntaron cuánto quería ganar por mi trabajo. No era una pregunta retórica, me estaban pidiendo una cifra, querían saber exactamente cuánto quería cobrar en nómina. Mi primera respuesta salió del manual del entrevistado: “pues lo que diga el convenio…” Error. El de recursos humanos me seguía tirando de la lengua para que me mojara un poco más y entonces caí en la trampa del currela competitivo en precio: “yo trabajaría por X euros al mes…”. Doble error. Las empresas buenas –y esta lo era- calculan costes laborales anuales, así que tenía que haber dado una cifra en términos brutos anuales. Y el segundo fallo, todavía más gordo: si el puesto al que optaba tenía que ver con compras y con proveedores, la empresa no debía contratar a un tipo incapaz de negociar su propio sueldo. Como es lógico no pasé el filtro y hoy recuerdo esta entrevista como una de las peores que he realizado en mi vida laboral.

Hoy estamos pasando una grave crisis económica y seguramente no nos vamos a encontrar con este tipo de preguntas en una entrevista de trabajo. Pero a la hora de planificar nuestra búsqueda, no está de más que pensemos un rato sobre el valor de nuestra aportación a la empresa (conocimientos + habilidades + actitudes) y en el precio que deberíamos exigir por ella. Las empresas y los profesionales pueden resolver este tema de tres formas:

  • Estimando cuánto está dispuesto a pagar el cliente por el producto o por el servicio.
  • Estudiando los precios de la competencia y decidiendo si conviene cobrar por debajo de ella (estrategias low cost) o por encima (estrategias de calidad).
  • Calculando los propios costes al céntimo y aplicando el margen adecuado a los objetivos marcados.

Pues bien, aunque no nos dé por emprender, no es mala idea plantearse cuánto queremos ganar por nuestro trabajo por cuenta ajena. Lo primero, porque nos lo pueden preguntar en la entrevista y, en ese caso, deberíamos llevar una horquilla salarial en función del puesto de trabajo al que optemos, teniendo en cuenta el sector y la localización geográfica de la empresa. Los convenios sectoriales nos pueden dar pistas para no dar respuestas temerarias: si un licenciado cobra por convenio 26.000 euros brutos anuales, se encuentra en el rango de 25.000 – 30.000 por lo que no sería razonable pedir 35.000 euros pero tampoco dar a entender que te conformarías con 22.000. Además, en una posible negociación, se pueden poner encima de la mesa otros elementos como la flexibilidad horaria o la posibilidad de pedir días de asuntos propios.

En segundo lugar, es bueno preguntarse por el precio-salario porque la teoría y la práctica empresarial dice que el empleador contrata cuando estima que va a ganar más con tu trabajo que lo que te va a pagar. Coste – beneficio. En el mundo laboral vales más de lo que cuestas y, para ganar más, hay que hacer lo posible para aumentar el propio valor (y que el empleador lo aprecie, claro, nunca mejor dicho). En esto del valor y el precio cuentan mucho las expectativas y ocurre como en los restaurantes. Si un menú de comida rápida te cuesta 3 euros, tus esperanzas de quedar agradecido se ajustan a la oferta: no puedes exigir gran cosa. Si la oferta consiste en un menú del día a 8 euros, con variedad de platos a elegir, ya empezamos a notar las diferencias en calidad. Pero si resulta que nos vamos a un restaurante de diseño que clava tickets medios de 50 euros por barba, los señores comensales exigiremos una calidad claramente superior a ese precio. Así que nosotros tendremos que decidir si vamos a salir al mercado laboral como bocata rápido (baratos pero de baja exigencia), como menú del día (a precio de mercado pero capaces de diferenciarnos) o como carta de lujo (exigiendo condiciones mejores pero generando expectativas y, por supuesto, cumpliendo con ellas).

Por último, hay otra razón por la que debemos planificar el precio de nuestro trabajo: nuestros objetivos y proyectos de futuro. Hay trabajos muy bien pagados que te pueden apartar de tus sueños personales, incluidos los materiales. Que se lo pregunten a los que dejaron de estudiar para sacarse una pasta gansa en la construcción. Sin embargo, hay trabajos aparentemente mediocres que te pueden orientar una buena carrera profesional. Ese pedazo de reponedor que acaba dirigiendo el departamento de recursos humanos de un centro comercial. Así que, cuando te preguntes por el sueldo, hazlo en el contexto de tus propios objetivos.

Hay una cosa que está clara: cuando uno trabaja para otro, el sueldo siempre va a estar limitado por un montón de variables y ninguna depende de ti. Así que, si tus objetivos personales no salen caros no hay problema en dejar el tema salario a un lado. Pero si quieres que el precio de lo que haces se acerque más a lo que realmente vales, puede que tengas que plantearte la opción de emprender, a tiempo parcial o total. De eso hablaré en el siguiente paso de nuestra planificación.

S2

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Planificando la búsqueda de empleo (5): la marca personal

Hora de retomar el hilo sobre la búsqueda de empleo. Por si es la primera vez que entras en este blog, te diré que buscar empleo es un trabajo en sí mismo. Conviene tomárselo en serio y perder algo de tiempo para planificar, mejor con un papel en blanco delante. Pues bien, anteriormente en Espacio Transversal…

En esta entrada quiero hablar de la primera de esas 4 “P”, la del producto que vamos a vender. Una empresa o un profesional, cuando quiere darse a conocer en el mercado, lo primero que tiene que cuidar es la imagen, la estética, el envoltorio. Puede ser que tengamos un producto o un servicio técnicamente perfecto pero mal presentado. Y sabéis que la sociedad en la que vivimos no perdona las apariencias, a pesar de que las manzanas arrugadas suelen ser mucho más sanas que las enceradas.

Me voy a ahorrar aquí todos esos consejos que ya hay en Internet sobre si el tipo de letra de un curriculum tiene que ser Arial o Verdana; o sobre la vestimenta que tienes que llevar a una entrevista de trabajo. Sobra decir que no debemos correr el riesgo de destacar por algo negativo, por ejemplo, una foto poco clara, faltas de ortografía, llegar tarde a una entrevista y en ropa de playa… Pero tampoco podemos conformarnos con presentar un curriculum neutro o con hacer una entrevista con respuestas normalizadas. Me temo que el mercado laboral ya no entiende esos consejos prácticos para que todos seamos iguales. A día de hoy, todos podemos ser chicos y chicas majas para entrar a trabajar en una empresa.

El caso es que ya hace tiempo que se habla del concepto marca personal. El pionero en este tema es Andrés Pérez Ortega, al que podéis seguir en su blog. En realidad, el objetivo de trabajar la propia marca, no se diferencia mucho de lo que persigue un refresco o una tienda de ropa: destacar y/o ser recordado. Es verdad que también podemos sobrevivir como marca blanca, pero en el mundo del trabajo me parece que es mejor aspirar a mejorar y a que los empleadores te consideren como algo único e irrepetible. Es decir, como alguien a quien va a ser difícil sustituir.

En España no es fácil trabajar la marca personal. No sólo porque a mucha gente le parecerá uno de esos palabros vacíos procedentes del mundo de la autoayuda. Y es que en la sociedad española se lleva mucho el rol de mosquita muerta. Es decir, no destacar de la masa para no parecer un resabidillo o un trepa. Hay que ir de humilde por la vida si quieres encajar socialmente. Sin embargo, las empresas, grandes y pequeñas, necesitan saber en qué se diferencia un candidato de otro y para ello hace falta emitir señales más eficaces que las que puede emitir un curriculum o una entrevista personal. Para ello, se me ocurren las siguientes  ideas:

  1. Si no tienes más remedio que presentar un curriculum para optar a un puesto de trabajo, no dejes de incluir la dirección de tu blog, tu perfil de LinkedIn, tu página web o cualquier enlace digital que pueda ayudar a la empresa a obtener información relevante.

  2. Si estás buscando empleo por candidatura espontánea, evita el curriculum en papel, salvo que la propia empresa lo requiera. Es más práctica la tarjeta de visita o, por qué no, ser creativo e innovar con formatos nuevos. Desde USBs serigrafiados (lo sé, una opción pelín cara) a calendarios de bolsillo con un código QR apuntando a tu blog o a tu perfil.

  3. Si no tienes tiempo para escribir un blog o para estar en más de una red social, no veo ningún inconveniente para utilizar tu perfil personal de Facebook, siempre que esté activo e impoluto (no pasa nada porque cuelgues fotos de tu vida personal siempre que ayuden a presentarte como una persona sana, con aficiones interesantes, indicios de vida personal y social).

  4. Y si no te llevas bien con Internet o es tu sector profesional el que no encaja en la Red (por ejemplo, gente que trabaja en oficios), hay que cuidar bien las recomendaciones. No hay que olvidar que la mayor parte de las ofertas de empleo no se publican. Y a veces, para demostrar que haces bien tu trabajo, no hay más remedio que recurrir a tus contactos más inmediatos: familia, amigos, vecinos.

Para desarrollar tu marca personal, es decir, para destacar y ser recordado, hay que dedicar tiempo para ampliar tu red de contactos y que todo el mundo se entere de lo bien que haces tu trabajo. Es la única manera de adelantar puestos en la cola del paro.

La semana próxima tocaré el tema del precio y del valor de nuestro trabajo.

S2.

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Sueños, propósitos, objetivos

Acabamos de cerrar el paréntesis de las Navidades y toca volver a la rutina habitual. A mí me quedan todavía algunos días de vacaciones y quiero aprovecharlos para pensar con tranquilidad mis objetivos para el nuevo año. Es un ejercicio que todos deberíamos hacer con cierta frecuencia y no es necesario convertirlo en un ritual propio de fechas marcadas, aunque, qué duda cabe, el 1 de Enero es una buena excusa para poner nuestro contador a cero.

Es bueno tener sueños (me refiero a buenos sueños, no a pesadillas). Todavía mejor es hacer propósitos para que esos sueños se cumplan. Y, aún más lejos: lo óptimo es fijar objetivos de acuerdo con la regla SMART, a saber:

  • eSpecíficos, nada de generalidades tipo cuidarme más.
  • Medibles, de manera que podamos comprobar su cumplimiento de forma clara.
  • Alcanzables, para no perder la energía en cosas que no dependen de nuestra capacidad.
  • Retadores, que nos inviten a avanzar y nos motiven cada mañana.
  • Temporalizables, revisables de acuerdo con unas fechas o hitos concretos en el calendario.

Definir objetivos no es un ejercicio fácil, pero se aprende con la práctica de los años. El origen de nuestros proyectos emprendedores está, precisamente, en un sueño personal que hemos decidido perseguir de forma activa. Por imposible que nos pueda parecer su realización, seguro que podemos planificar una serie de pequeños pasos, cada uno de los cuales sí es posible porque cumple con esos cinco puntos de la regla SMART.

¿Mis objetivos para el 2013? Pues bien, desde hace varios años, tengo un proyecto personal escrito con objetivos en varias facetas de mi vida: lo personal, la familia, las relaciones sociales, lo profesional… Ni que decir que algunas de mis metas se me resisten año tras año (por eso lo del gimnasio ya ni aparece en mis planes). Lo que sí os puedo decir es que este año me he marcado como objetivo en firme retomar este Espacio Transversal y escribir una vez por semana. No es que este blog sea un fin en sí mismo, más bien es parte de un proyecto más amplio que no quiero abandonar del todo, además de servirme como ejercicio de expresión personal y desarrollo profesional. Y está claro que ese sueño, por decirlo así, empieza aquí, en la Red y en el grupo de gente que me estáis siguiendo en silencio. Espero sacar tiempo para proponeros temas interesantes y, poco a poco, convertir este espacio en una herramienta de transformación para todos.

Feliz 2013. La próxima semana más.

S2.

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La vida de Lucas

Hay emprendedores que no saben que lo son. Y ni falta que hace. Ellos simplemente emprenden, es decir, se buscan la vida para solucionar problemas. Es lo que acaba de hacer el papá de Lucas, entre otras cosas, gran amigo mío.

El papá de Lucas lleva ya tiempo en esto del emprendimiento social, aunque él no lo llame así. Hace 4 años cambió su cómoda plaza fija como maestro de infantil por un proyecto educativo novedoso en un colegio público, trabajo que desborda la jornada laboral típica y, desde luego, su sueldo. Por si fuera poco, hace 2 años fue padre por primera vez y comenzó la historia de Lucas, un niño que nació con una extraña lesión cerebral que, a día de hoy, no tiene fácil solución. El papá de Lucas lo explica muy bien en la página que acaba de abrir en Facebook para pedir ayuda y organizar actividades como la venta de camisetas, conciertos o rifas.

La iniciativa del papá de Lucas me sirve para extraer algunos consejos para los emprendedores, me da igual que lo sean en el plano social o en el económico. Lo primero, que no dejen de buscar soluciones a los problemas, sean propios o ajenos. En el fondo, esa es la función del emprendedor en la economía, conseguir recursos para cubrir las necesidades que tienen las personas. Lo segundo, que se atrevan a pedir ayuda, y no precisamente a la banca o a Papá Estado, sino a las 3 “F”: Family, Friends and Fools (Familia, Amigos y Locos). A veces rinde más una inversión directa o una donación bien hecha que enterrar el dinero en preferentes o en productos financieros que no entienden ni sus creadores. Y en tercer lugar, que aprovechen el potencial de las redes sociales porque, bien empleadas, son la mejor herramienta para canalizar la iniciativa, la solidaridad y las ganas de salir de esta crisis económica, política y humana que nos acompaña como una sombra.

Os invito a conocer la vida de Lucas. Mucha suerte para él y para sus papás.

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Planificando la búsqueda de empleo (4): el plan de marketing personal

Por fin. Hoy me he levantado con tiempo y ganas de contar cosas en el blog. Buen momento para retomar mi serie de artículos sobre la búsqueda de empleo. Para no perder el hilo, os recuerdo los primeros pasos de nuestro plan de re-ocupación:

  • Nos hemos currado un DAFO para destapar nuestros puntos fuertes y débiles y asumir las amenazas y oportunidades que nos regala la realidad de ahí fuera.

  • Hemos reflexionado sobre nuestros intereses personales para ver dónde podemos encajar, cuál es nuestro perfil.

Pues bien, se acabó la reflexión y el análisis. Es el momento de la estrategia. Ya he comentado que lanzarse al mercado laboral no es muy distinto de lo que hacen las empresas para comunicarse con su público objetivo. En efecto, si uno quiere vender, tiene que preguntarse cosas como la imagen que proyecta, el precio (y el valor) de lo que vende, los canales en los que va a distribuir el producto y, desde luego, la forma de darse a conocer al cliente que le interesa (cierto, no todos los clientes son interesantes y tampoco los empleadores, tenéis mi permiso para abriros vuestra propia lista negra de empresas en las que no queréis trabajar).

De acuerdo, admito el chorreo general. No están las cosas como para andar escogiendo. Y encima las empresas son las que tienen la sartén por el mango… Pues no. Los empleadores no se dedican a dar sartenazos a nadie, tratan de encontrar el mejor aceite y el mejor filete. Otra cosa es que nos presentemos como carne congelada…

Dejemos la gastronomía. Nuestro plan de marketing personal debe cubrir cuatro apartados, lo que vienen siendo las famosas 4 “P”. A saber:

  1. El Producto. En efecto, en el mercado laboral, el producto eres tú, en persona. Con tus conocimientos, tus habilidades, tus emociones y también con la imagen que proyectas al exterior. Antes de dar un paso en falso, hay que darle una vuelta a ese curriculum y hay que preparar esa entrevista de trabajo. Es importante vender un buen contenido pero hay que hacerlo en el envoltorio adecuado y, a ser posible, bajo una marca atractiva y reconocible.

  2. El Precio. Por desgracia, una cosa es el precio y otra muy distinta, el valor. Poca gente puede presumir de cobrar más de lo que vale. También los hay que reciben por encima de lo que aportan –no hace falta que dé nombres-. Por otro lado, los salarios suelen venir dados por convenio y no hay margen para negociar nada. En cualquier caso, los precios proyectan imagen y todos sabemos que cuando compramos algo baratito es porque el contenido no nos importa mucho. Pues bien, no está de más pensar qué remuneración vamos a pedirle a nuestra futura empresa, por si nos lo preguntan. Y nos podemos equivocar de plano si vamos de empleados low cost.

  3. El Punto de Venta. No es lo mismo vender un vino en un centro comercial, en un restaurante de lujo o en el mercadillo. Tampoco es lo mismo trabajar para una administración pública, para tu propio proyecto o para una empresa privada. Normalmente, vamos a tener que elegir entre una de estas tres alternativas y esta decisión puede ser definitiva en nuestro desarrollo profesional.

  4. La Promoción. Por último, hay que planificar con qué medios nos vamos a dar a conocer en el mercado laboral: contactos, autocandidatura, portales generalistas o especializados, ETTs, redes sociales… Cada uno de estos medios de comunicación tiene su propio arte.

En los próximos artículos hablaremos largo y tendido de cada uno de los puntos. Espero que os sea útil.

Un saludo.

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De vuelta

Lo sé, estoy desaparecido. Si has entrado últimamente en el Sobre mí ya sabes que, desde noviembre, trabajo para la Administración y estoy volcado con la causa del emprendimiento en Cantabria. De acuerdo, te parece que estoy haciendo trampas, apoltronado en el cómodo sofá de un sueldo fijo y público, pero que sepas que mi contrato es por dos años y, con la que está cayendo, hay que tener la maleta preparada, por si acaso. Mientras tanto, me considero afortunado por poder contribuir al  desarrollo de una sociedad de personas emprendedoras y porque estoy aprendiendo todo lo posible de la gente que ya estaba metida en el tema antes que yo.

Seguiré compartiendo con vosotros todo lo que pueda. Sigo emprendiendo.

S2.

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Planificando la búsqueda de empleo (3): busca tu lugar

El tiempo pasa que da gusto y me he tirado casi dos semanas sin escribir, entretenido con varios frentes personales abiertos. En breve os daré detalles de mi vida laboral. De momento os pido disculpas por haber dejado a medias mi serie sobre el plan de búsqueda de empleo. Sigamos.

Hemos tomado conciencia de la realidad –la de dentro y la de fuera-. Y, antes de lamentarnos de la larga lista de puntos débiles y amenazas que nos han salido en el DAFO, haríamos bien en preguntarnos por nuestros intereses, por lo que de verdad nos motiva y nos saca de la cama a diario. Normalmente, las personas somos muy buenas en aquello que nos gusta hacer, y vuelvo a recordaros que, tal y como está el panorama, no podemos conformarnos con ser del montón…

–          Es que yo no sirvo para nada…

Perdona, niño/a. Ni se te ocurra ir por ese camino. Tienes dos opciones:

–          dedicarte a hacer lo que te gusta,

–          o disfrutar con aquello a lo que te dedicas.

Bien, ya sé que esto te puede sonar a humo de consultor. Pero, precisamente, es en los momentos de crisis cuando podemos abrir nuestras mentes a cosas nuevas. Cuando la economía iba bien, existían cuatro o cinco profesiones estándar y todos teníamos que encajar en una de ellas. Ahora el límite lo marca la lista de necesidades personales y empresariales, y te comunico que es bien larga. De modo que ahora tú puedes crear tu propia profesión, convertir esa afición –cultural, deportiva, friki…- en un nicho de negocio o, incluso, aprovechar tus propias necesidades para abrir una empresa que te permita autoabastecerte –léase celíacos que montan su propia tienda-para-celíacos o similares-.

Pues bien, es el momento de que busques cuál es tu lugar en el mundo. En verborrea laboral, ese lugar se llama perfil. Para descubrirlo, necesitas confrontar tus capacidades –los puntos fuertes que te han salido en el DAFO- con tus intereses, tus gustos. En Internet puedes encontrar cuestionarios como éste, que he encontrado en la web Don Empleo, para detectar dónde puedes encajar con una precisión bastante alta. Puedes llevarte alguna sorpresa con el resultado pero no debes cerrarte a nada. No se trata de “trabajar de lo tuyo” sino de que “lo tuyo” se convierta en “tu trabajo”, aunque no tenga nada que ver con lo que has estudiado.

¿Qué resultado te ha salido en el test?  Seguramente, tu lugar en el mundo se encuentra entre los siguientes perfiles profesionales:

    • Perfil administrativo. Más conocido como trabajo de oficina. Si eres una persona organizada, te llevas bien con el ordenador y no dejas que el papeleo te devore, es posible que seas carne de oficina. Un trabajo muy envidiado por algunos –cómodo, con calefacción y aire acondicionado…- pero con muy mala fama, porque tu sueldo se diluye en eso que los economistas llamamos costes indirectos. Eres necesario pero tu valor añadido es inapreciable. ¿Cómo hacerte valer? Tienes que hacerte imprescindible dentro de tu ámbito. Tu trabajo no es mover papeles ni coger el teléfono. Tú solucionas problemas.
    • Perfil técnico. En este perfil encaja cualquier ocupación que necesite una cualificación específica y repercuta en los costes directos, es decir, los que están relacionados con la producción o el servicio que presta. Me da igual que sea un ingeniero aeronáutico o un mecánico de coches. Lo bueno del trabajador técnico es que tiene la sartén por el mango: de él depende la cantidad y la calidad del producto. El problema es que las empresas suelen contar con recambio abundante porque casi todos los oficios y profesiones tienen personal cualificado de sobra. La clave para sobrevivir en el mundo de los técnicos, como ya he dicho otras veces, es ser un crack… y que el empleador lo sepa, claro.
    • Perfil comercial. Sin duda, la ocupación estrella en cualquier empresa es vender. A diferencia de sus compañeros, el comercial participa más en los ingresos que en los costes. Si se te da bien vender motos y, además, te gusta, no puedes estar en el paro, porque eres el tipo de profesional más demandado y valorado por cualquier empresa. Eso sí, si quieres trabajar de comercial en serio, olvídate de esos portales generalistas que buscan carne fresca y tierna para vender tarjetas de crédito. Especialízate en un producto concreto y busca tu propio mercado. Si dominas un idioma extranjero, ese mercado será más grande. En esto de los idiomas pasa como con las ocupaciones, que hay que ser el mejor. Todo el mundo habla inglés medio-alto. Hacen falta bilingües. Y si no, siempre puedes diferenciarte con algún idioma emergente, como el chino o el portugués.
    • Perfil creativo. Mi favorito. Normalmente asociamos el papel de creativo a los artistas o, siendo muy generosos, a los de marketing. En mi opinión, es la hora de explotar el talento generador de ideas en todas las áreas de la empresa. Todos los puestos de trabajo pueden beneficiarse de la innovación, de los cambios en los procesos, de las nuevas líneas de negocio, de las nuevas técnicas de venta… Pero, claro, para ello hacen falta mentes pensantes y, a ser posible, deben trabajar cerca de los niveles directivos. El problema es valorar correctamente la aportación de un creativo: nadie paga por una idea hasta que no se tiene claro su retorno económico. Por eso, si lo tuyo es crear, innovar, inventar, pensar, investigar… tendrás que ir de la mano de un buen analista financiero (para estudiar los costes y los beneficios de tu idea), un técnico (capacitado para convertir tu idea en un producto) y un comercial (alguien que crea en tu idea y te ayude a venderla).

Se pueden definir otros perfiles (directivos, formadores, combinaciones de los anteriores…) pero creo que todos podemos encajar en alguno de los cuatro que os he descrito. Ahora es el momento de que busques tu perfil, tu lugar en el mundo. ¿A qué esperas?

Un saludo.

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Planificando la búsqueda de empleo (2): asumir la realidad

Vaya, podía haber elegido un subtítulo menos resignado para encabezar el nuevo post, ¿no? Pues no: hay que asumir la realidad, que no es lo mismo que aceptarla como un hecho consumado. Es posible transformar las cosas, pero necesitamos partir de un diagnóstico serio de lo que ocurre por ahí fuera (amenazas y oportunidades) y por nuestro interior (debilidades y fortalezas). Y, a la hora de planificar nuestro asalto al mercado laboral, tendremos que aprovechar lo bueno y desactivar lo malo, cuando no podamos suprimirlo del todo. Fácil, ¿verdad?

Supongo que conocéis la famosa herramienta DAFO, ese diagrama formado por cuatro compartimentos que nos permite visualizar la realidad exterior (columna derecha) y la interior (columna izquierda):

DEBILIDADES

AMENAZAS

FORTALEZAS

OPORTUNIDADES

Siempre que he realizado este ejercicio con alumnos, han salido más puntos negativos (fila superior) que positivos (fila inferior). Estamos viviendo un momento económico que no invita precisamente al optimismo pero, cuando las cosas iban bien por ahí fuera, los más jóvenes tampoco teníamos el cajón de las fortalezas muy lleno. Y es que tenemos una tendencia natural a infravalorarnos, tal vez por esa falsa humildad que nos caracteriza a los españoles. Queda muy mal reconocerse como un crack en algo. ¿Alguien ha visto al gran Casillas (venga, o al imprescindible Guardiola) decir en público lo que valen? Lo sé, quedaría demasiado pretencioso y egoísta no decir que hay un equipo detrás, y bla, bla, bla. Pues bien, ese no es el camino para encontrar el empleo que te mereces. Deja de quitarte méritos. Salvo tu madre o tu amigo del alma, que te quieren mucho, nadie tiene por qué conocer tus puntos fuertes de antemano (no te han visto meter goles o ganar Títulos). Así que no tienes más remedio que exprimir bien tu vida personal y académica para descubrir tus puntos fuertes (para potenciarlos y venderlos caros) y los puntos débiles que debes corregir o disimular.

Eso sí, con las fortalezas hay que hilar bien fino. Tener dos carreras, cuatro másteres y cinco idiomas no te hacen fuerte, en el mejor de los casos te permiten entrar en el montón. No tener un título puede ser un punto débil cuando es obligatorio para ejercer una profesión pero no te hace diferente a otros. Ejemplos de fortalezas: la presencia física (te facilita acceder a trabajos cara al público); la creatividad (te abre puertas en sectores relacionados con el marketing); la disciplina (imprescindible para afrontar una oposición); la facilidad de palabra (este don te convierte en carne de comercial); la habilidad de escribir bien (te sirve, por ejemplo, para escribir tu propio blog profesional y promocionarte); tener dinero o contactos (para bien o para mal, abren muchas puertas); etcétera. Es curioso que nuestros puntos fuertes rara vez se desarrollan en el aula, ese gran bunker de conocimientos académicos. Normalmente, lo que te distingue de los demás procede de tu vida personal: tus relaciones, tus aficiones, tus experiencias vitales, tu actitud ante los problemas.

Por lo que respecta a la realidad de fuera, es natural que las amenazas nos impidan ver el bosque de las oportunidades. La amenaza más evidente que nos afecta hoy es la situación económica: el paro, el acceso al crédito, los recortes, la falta de confianza… No podemos negar esta realidad ni podemos influir en ella en el plano macro, pero sí podemos tomar la iniciativa en el plano micro, es decir, como consumidores, como trabajadores, como ciudadanos, como emprendedores, como familias, como organizaciones locales… Es hora de pensar en pequeño. Cada amenaza macroeconómica puede ser combatida con soluciones microeconómicas. Para hacer frente al paro se necesitan empleadores. Para evitar la desconfianza en los datos y en las estructuras hay que confiar en las personas más cercanas. Si el dinero convencional se ha esfumado, habrá que dotarse de nuevos medios de intercambio. Si una necesidad ya está cubierta de sobra, habrá que descubrir dónde y cómo hacemos falta.

No me resisto a recordar aquí dos frases que se atribuyen a Steve Jobs, aunque son ideas universales: “Encontrad lo que amáis” y “El tiempo es muy corto para desaprovecharlo”. Por lo visto este hombre no tenía título universitario pero no me cabe duda de que en su DAFO personal, las Oportunidades y las Fortalezas pesaban más que las Amenazas y las Debilidades.

Saludos.

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Planificando la búsqueda de empleo

Hay dos maneras convencionales de enfrentarse al desempleo, al menos en los primeros días. Por un lado están los que se entregan en brazos de la desesperación y ahogan sus penas en el sofá, con el mando a distancia, gruñendo cada vez que un político o un empresario asoman en la pantalla. Como la cosa está muy mal no hay razón para moverse del papel de víctima, uno de los más cómodos de interpretar en esta vida. Por otro lado, están los que dedican su primera semana a empapelar polígonos enteros con fotocopias de su curriculum, confiando en que la estadística de probabilidades hará el resto. Después del atracón, se acabó. Pues bien, si me permitís el consejo, durante la primera semana de paro hay que hacer tres cosas:

1. Contarle a todo el mundo que estás desempleado.
2. Mover los papeles del paro, si es el caso.
3. Sentarte con papel y boli para planificar tu futuro profesional.

Habrás oído muchas veces que buscar empleo es como un trabajo en sí mismo. Yo prefiero verlo como si tuviera que elaborar mi propio plan de empresa, con su DAFO, sus objetivos a corto y a largo plazo, su marketing. Se trata de asumir la responsabilidad de tu propio futuro, no puedes delegarlo en manos de otro, aunque tu propósito sea trabajar por cuenta ajena. La crisis económica tiene algo de positivo y es que se acabó el darle las gracias al banco, al gobierno o a los sectores estratégicos por su inestimable contribución al empleo en el pasado. Es el momento de buscar soluciones personales, independientes, no convencionales. Solo o en compañía de otros que estén en tu misma situación.

Bien. Ya tienes papel en blanco y boli:

1. Tus intereses. Pregúntate qué quieres hacer con tu vida. Merece la pena que pienses a medio plazo (4-5 años). Puede que lo que te gusta no tenga nada que ver con lo que has estudiado pero ahora es el momento de sacarlo.
2. Tu realidad. Tus puntos fuertes y débiles. En qué eres un crack. En qué eres del montón. No te olvides de tus aficiones y de tus valores personales.
3. La realidad de fuera. Amenazas y oportunidades de tu entorno. En efecto, el banco no te va a dar un duro. Y no vas a salir de mileurista trabajando para otro enfrente de casa. Hay puertas abiertas pero no precisamente donde la gente hace cola.
4. Tu perfil profesional. Cuando consigas cuadrar un interés con un punto fuerte, habrás dado con el trabajo que tienes que perseguir. Hay perfiles comerciales, administrativos, mecánicos, creativos…
5. Tu estrategia de marketing personal. Cuando una empresa quiere colocar su producto en el mercado, elabora un plan comercial bajo el esquema de las 4 “P”: producto, precio, punto de venta, promoción. En el mercado laboral el producto eres tú y, afortunadamente vales más que cualquier mercancía. Eso sí, necesitas diseñar tu propia estrategia para darte a conocer como alguien único.

Dedicaré los siguientes artículos a desarrollar estos puntos, verás que no se trata de palabras bonitas.

Saludos.

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